Greta Thunberg: la pequeña que dejó de comer cuando una maestra le explicó el cambio climático

La lucha de esta activista de 16 años ha inspirado a miles de jóvenes en todo el mundo que se resisten a ser víctimas silenciosas de los desastrosos efectos del calentamiento de la atmósfera provocado por la conducta irresponsable de los adultos.

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Greta Tintin Eleonora Ernman Thunberg nació en Estocolmo (Suecia) el 3 de enero de 2003. Es la mayor de las dos hijas de Svante Thunberg, actor sueco y Malena Ernman, la célebre soprano y participante de Eurovisión en 2009..

 

Padece el síndrome de Asperger,  un trastorno neurobiológico, cuyas características mentales y de conducta forman parte de los trastornos del espectro autista, lo que la hace trabajar un poco diferente. En una entrevista para CNN expresaría: “mi diagnóstico definitivamente me ha ayudado a mantener este enfoque. Cuando estás interesado en algo, simplemente continúas leyendo y te sientes muy concentrado”.

Descubrió lo que era el cambio climático a los 10 años, cuando una profesora de su colegio le explicó de qué se trataba y que se debía a los seres humanos y su comportamiento, lo que le provocó una fuerte depresión que hizo que dejara de comer y su cuerpo no creciera. Desde entonces su vida y la de sus padres cambió completamente. Se hicieron veganos, aunque la joven desveló en una entrevista a The New York Times que su madre a veces come queso, pero solo por las noches para que Greta no pueda verla. También dejaron de viajar en avión por la huella de carbono (emisiones de gases de efecto invernadero), lo que perjudicó a la carrera internacional musical de Ernman.

Para convencer a sus progenitores, notables defensores de los derechos humanos, de la necesidad de dar un giro radical a su vida para salvar el planeta cuenta que simplemente les dijo: “¿Por qué derechos humanos están peleando ustedes si tienen ese estilo de vida?”.

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Todo empezó el 20 de agosto en el centro de Estocolmo, cuando quedaban 20 días para las elecciones generales en Suecia. Greta decidió sentarse en el pavimento de la plaza de Mynttorget, frente a la fachada del Riksdag, el Parlamento sueco, con una pancarta en la que había escrito tres palabras: “Skolstrejk for Klimatet” (huelga escolar por el clima). Sus ideales y sus conocimientos sobre la crisis climática hicieron que quisiera aportar su granito de arena para cambiar la situación y comenzara a hacer huelga cada viernes frente al Parlamento sueco hasta que el país cumpliera con lo pactado en el Acuerdo de París en 2015. A ella se han ido uniendo estudiantes también concienciados con la necesidad de medidas para combatir el cambio climático. Unos jóvenes llegaron a viajar 26 horas en tren desde Estocolmo para protestar junto a ella.

Durante una de sus huelgas, su padre se acercó andando entre la multitud para llevarle un plato de garbanzos con arroz para que comiera. Después de siete horas allí, lo único que quería era irse a casa y tumbarse junto a sus dos perros, aseguró la periodista que la entrevistó para The New York Times. Este movimiento, conocido como Fridays For Future (FFF), hizo que el pasado viernes millones de personas en todo el mundo se lanzaran a las calles con motivo de la Huelga Mundial por el Clima para protestar por la falta de iniciativas contra la grave situación del planeta. En España, cientos de miles de jóvenes lideraron una manifestación histórica por el clima en este país.

Foro Económico Mundial y Cumbre del Clima

Thunberg está tan comprometida con el planeta que, para llegar al Foro Económico Mundial celebrado en Davos (Suiza), viajó durante 32 horas en tren y durmió en una tienda de campaña a -17 grados centígrados. Allí, se presentó frente a los diferentes líderes mundiales y no le tembló el pulso a la hora de asegurar que: “Hemos fracasado. Todos los movimientos políticos en su forma actual lo han hecho”.

Aunque también envió un mensaje de esperanza: “El Homo sapiens aún no ha fallado. Todavía hay tiempo para cambiar todo. Todavía podemos arreglar esto. Todavía tenemos todo en nuestras propias manos. Pero si no reconocemos los fallos de nuestros sistemas actuales, lo más probable es que no tengamos una oportunidad“.

Y se mostró profundamente decepcionada con las generaciones anteriores y su forma de ignorar el problema “No quiero su esperanza. No quiero que sean optimistas. Quiero que sientan pánico. Quiero que sientan el miedo que siento todos los días. Y luego quiero que actúen. Quiero que actúen como lo harían en una crisis. Quiero que actúen como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque lo está”, finalizaba contundente la activista de 16 años.

Ocho meses después también acudió a la Cumbre del Clima de la ONU, celebrada en Nueva York, viajando en un velero de cero emisiones de carbono desde Europa. La adolescente se mostró allí desolada y muy enfadada por la inacción de los gobiernos ante la grave crisis climática: “Ustedes han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías”, comenzó al borde de las lágrimas. “La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando y estamos a las puertas de una extinción masiva y de lo único que hablan ustedes es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”, recriminó Thunberg a los políticos. “Cómo se atreven a mirar para otro lado, a venir aquí a decir que están haciendo suficiente cuando las políticas y las soluciones siguen estando muy lejos. Dicen que nos escuchan, que entienden la urgencia pero si realmente entendieran la situación no estarían sin hacer nada”, afirmó.

Además, lanzó una advertencia: “Están fallando a los jóvenes, y estamos comenzando a entender la magnitud de su traición. Las generaciones futuras están pendientes de ustedes, y si nos fallan, nunca les perdonaremos“. “Aquí y ahora es donde damos un paso adelante. El mundo está despertando y el cambio viene, les guste o no“, concluyó Thunberg.

Greta Thunberg simboliza la indignación de los jóvenes que se dan cuenta de que sufrirán las consecuencias del cambio climático en mayor medida que sus padres o sus abuelos. Ellos pagarán cara la inacción de las generaciones anteriores que pudiendo frenar la catástrofe, no lo están haciendo por codicia, miopía, o indiferencia. Lo único que puede hacer la joven activista para evitar pensar por un momento en su preocupación por la grave crisis climática es visitar a Freyja, un caballo que comparte con otros niños en un establo a las afueras de Estocolmo. Allí, peinándolo y limpiando sus cascos, es en uno de los pocos lugares en los que por un momento se olvida del trágico devenir de la humanidad.

Fuentes: 20minutos // Soziable

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