Así fue como un extraño accidente revolucionó el campo de la neurología

En otoño del año 1848, la vida de un joven capataz estadounidense de la línea de ferrocarriles dio un vuelco a partir de un terrible accidente laboral. En ese momento, su trabajo consistía en volar rocas con explosivos para permitir así el paso de las vías de tren, y necesitaba para ello colocar pólvora y arena en un agujero perforado en la piedra…

Lamentablemente, un error en el procedimiento hizo que, cuando este obrero intentaba compactar la pólvora colocada en la cavidad utilizando una barra de metal, saltase una chispa. La explosión de la mezcla se produjo a escasos centímetros de la cara del joven y, como resultado, la barra de metal de un metro de longitud y unos tres centímetros de diámetro le atravesó el cráneo antes de aterrizar a más de veinte metros de donde se encontraba inicialmente. Lo más sorprendente del caso, además de la supervivencia de Gage, es que nunca llegó a perder el conocimiento. Llegó caminando a la consulta con el médico del pueblo e incluso hizo bromas sobre el accidente.

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Actualmente, resulta casi obvio pensar que determinadas partes del cerebro se encargan de funciones específicas. Sin embargo, hace un par de siglos, esta era una realidad desconocida. Para esa época, los científicos apenas estaban desarrollando una comprensión aproximada del funcionamiento cerebral. La barra de hierro que atravesó el cráneo de Phineas P. Gage provocó daños severos en el cerebro e importantes cambios en su comportamiento. A partir de entonces se puso sobre la mesa la noción de que los lóbulos frontales eran los responsables de procesar las emociones, la personalidad y las funciones ejecutivas.

Casi todo lo que sabemos sobre Phineas Gage es lo que dejó documentado sobre él el doctor John Martyn Harlow, el médico que lo trató. Este sanitario quedó fuertemente impresionado por el hecho de que Gage estuviese consciente y fuese capaz de hablar en el momento en el que entró en su consulta, pero más le extrañó que su paciente se recuperase a los pocos meses de haber llegado, tras haber pasado una etapa de fiebres y delirios.

De este modo, tras escasas diez semanas las funciones del cerebro de Gage parecían haberse recuperado casi automáticamente, como si los tejidos celulares del cerebro hubiesen sabido reorganizarse para compensar la ausencia de varios centímetros cúbicos de lóbulo frontal. Sin embargo, al doctor Harlow le llamó la atención otra cosa: aunque objetivamente el capataz no parecía tener déficits intelectuales ni de movimiento significativos, su personalidad parecía haber cambiado a raíz del accidente. Phineas Gage ya no era exactamente el mismo.

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El nuevo Phineas Gage

Antes del accidente, Gage era descrito como una persona equilibrada mentalmente, un hombre de negocios de gran astucia, inteligencia y energía. Adicional a esto, nuestro protagonista era conocido por ser perseverante en la consecución de sus objetivos. Sin embargo, después del accidente, Gage nunca volvió a ser el hombre que todos conocieron.

Cuando volvió a trabajar en la obra, el obrero mesurado y cordial que todos conocían había desaparecido para dar paso a una persona con mal genio, fácil de irritar, dado a los insultos, con propensión al derroche y con una visión muy cortoplacista de la vida. Era, en general, una persona impaciente e irreverente, que se dejaba llevar por deseos fruto de un capricho y que pensaba poco en los demás. A pesar de tener muchos planes a futuro, a Gage le costaba concretar los pasos necesarios para lograr sus objetivos. De esta manera, para sorpresa de muchos en aquella época, una lesión cerebral cambió la personalidad de Gage, algo que la ciencia no había visto nunca antes.

Pronto dejó de trabajar para la obra y, pocos meses después, Phineas Gage pasó a trabajar en el museo Barnum exhibiéndose junto a la barra de metal que le había atravesado la cabeza. En los años posteriores estuvo viviendo en Chile, donde trabajó como conductor de carruajes de caballos, hasta que regresó a los Estados Unidos sintiéndose deteriorado y algo enfermo. Allí le ocurrieron los primeros ataques epilépticos, que lo acompañarían hasta su muerte en 1860 cuando contaba 38 años de edad. Actualmente, su cráneo, junto a la barra de hierro, permanecen como parte de la exhibición en el museo de Medicina de la Universidad de Harvard.

La relevancia del caso de Phineas Gage

El caso de Phineas P. Gage podría ser considerado el punto cero de la noción entre la relación entre los daños estructurales en el cerebro y los cambios en el comportamiento. Los importantes cambios de personalidad tras el accidente fueron tan sorprendentes, que lo convirtieron en el paciente ideal para demostrar el rol del cerebro sobre la personalidad.

Este pequeño episodio histórico es parada obligatoria en muchas carreras universitarias relacionadas con las neurociencias y la conducta porque, de hecho, fue uno de los primeros ejemplos bien documentados en los que se vio cómo cambios materiales en el cerebro modificaban no sólo capacidades cognitivas, sino aspectos de la psicología que tradicionalmente se han asociado al interior del ser humano.

Se conformó pues la teoría de que Phineas Gage pasó a ser otra persona, no a través de un proceso de aprendizaje o introspección, sino por un accidente muy concreto que modificó físicamente su cerebro. Lo que se comprobó después pudo haber sido un ejemplo de cómo el cerebro se reorganiza para suplir las carencias materiales producidas por la explosión a partir de los recursos más limitados de los que disponía, pero los efectos colaterales de esto se notaron en aspectos que se creía que no estaban tan sujetos al mundo material como, por ejemplo, la memoria.

De algún modo, el accidente de la barra de metal sirvió para señalar las bases biológicas en las que se sustentan procesos psicológicos más bien abstractos, como la gestión de las emociones y la toma de decisiones. Además, el caso de Phineas Gage también sirvió para reforzar la hipótesis de que diferentes áreas del cerebro se ocupan de diferentes aspectos de la conducta.

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El Síndrome Prefrontal

Hoy en día se cree que el cambio de personalidad de Phineas Gage puede ser, en realidad, un ejemplo de Síndrome Prefrontal, originado por la alteración del funcionamiento de los lóbulos frontales. La zona frontal del cerebro tiene un importante papel a la hora de vincular motivaciones presentes a objetivos futuros, lo cual incluye la posibilidad de situar las metas a largo plazo, la capacidad para renunciar a recompensas inmediatas en favor de proyectos más ambiciosos y la facultad de tener en cuenta las consecuencias que los propios actos tienen sobre la gente que nos rodea y, en general, la sociedad.

Esto explicaría que el nuevo estilo de comportamiento del Phineas Cage que había sufrido el accidente con la barra de metal se pareciera en algunos aspectos al repertorio de conductas esperables en alguien con personalidad psicopática. Los psicópatas también parecen mostrar dinámicas de activación neuronal en los lóbulos frontales distintas al resto de la población, pero en el caso de Gage esto estaría producido por la reorganización de las neuronas tras haberse lesionado el encéfalo.

Otra explicación para el caso de Phineas Gage

La idea de que la lesión cerebral fue la causa fundamental del cambio de personalidad de Phineas Gage está muy extendida, pero también hay otra explicación alternativa: que los cambios se debieran al impacto social que suponía estar desfigurado.

Tal y como señala Zbigniew Kotowicz, es muy probable que al menos una parte de sus cambios de conducta se debieran al impacto social que conlleva ser visto por los demás como alguien a quien le falta una parte del cerebro. Como siempre, es difícil desligar los aspectos biológicos de los que son de naturaleza social y cultural, y puede que al fin y al cabo a Gage le pasase lo mismo que le ocurrió al monstruo del Dr. Frankenstein en la novela de Mary Shelley: que fuese la sociedad, más que su propia naturaleza, quien lo transformara en un cuerpo extraño.

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Restos del accidente en el Museo de Harvard

Conclusión

En definitiva el caso de Phineas P. Gage sentó las bases del estudio de las bases biológicas del comportamiento. El trágico accidente ocurrido hace poco más de un siglo, todavía tiene eco en el presente. En líneas generales, representa un antecedente de los cambios de personalidad y otros problemas neurológicos sufridos por los jugadores de fútbol americano tras las constantes conmociones cerebrales sufridas en el campo de juego.

En este sentido, el caso de Gage permitió abordar la comprensión de los efectos de las lesiones cerebrales sobre el comportamiento humano. Desde entonces, neurocientíficos de todo el mundo han analizado sus restos para intentar descubrir las implicaciones de las lesiones sufridas por Gage. Por ejemplo, en 1940, un neurólogo realizó un diagrama del cráneo de Gage para determinar la ruta seguida por la barra de hierro. Más adelante, en 1980, científicos hicieron lo propio usando técnicas de tomografía computarizada. Así, a medida que avanza la tecnología, los neurólogos han vuelto a los restos de Gage a fin de analizar con mayor precisión este mítico caso.

 

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