Ozono y polvo de África, la tormenta perfecta ignorada por las administraciones

Los niveles de ozono “malo” se han disparado en los últimos días, cuando también hemos recibido una intrusión de polvo procedente del norte de África. En cuanto vuelvan a subir las temperaturas, el problema se repetirá. No hay prácticamente ninguna administración local o autonómica que cuente con planes de actuación para estos episodios..

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La ola de calor que hemos vivido en la primera semana de agosto en la mayor parte del país ha traído “una tormenta perfecta de contaminación atmosférica” que ha puesto en serio peligro nuestra salud y que ha sido prácticamente ignorada por las administraciones, según denuncia Ecologistas en Acción. Los niveles de ozono “malo”, conocido así en contraposición al de la estratosfera, se han disparado en los últimos días, especialmente en Barcelona y Madrid. A esto hay que sumarle la intrusión de polvo procedente del norte de África que ha acompañado a las elevadas temperaturas y ha elevado por encima del límite legal el nivel de partículas PM10 en todo el centro y sur de la Península.

El ozono es un contaminante que se produce por reacción química en la atmósfera, resultado de un cóctel de óxidos de nitrógeno –producidos por la contaminación– y una intensa radiación ultravioleta –como ocurre en verano–. Cada vez que hay una ola de calor los niveles de ozono se disparan. La situación no se daría si no hubiera contaminación del aire. Se necesitan los dos elementos.

En todos los países del sur de Europa las altas temperaturas contribuyen a disparar el ozono. En España, tenemos días muy soleados en verano y en primavera también, por lo que el riesgo de que se forme este contaminante es “muy alto”. Además, contamos con un tráfico interurbano muy intenso y un tráfico en las zonas marítimas que ha crecido en los últimos tres años. Cuando llega el calor, aumenta el consumo de electricidad y las centrales térmicas entran a suplir a las energías renovables, lo que produce más óxidos de nitrógeno, el caldo de cultivo perfecto para el ozono.

Ha habido varios puntos rojos en el mapa, aunque puede decirse que el pico de los niveles de ozono se ha dado de manera generalizada en todo el país. Las autoridades no han tomado ninguna medida drástica para evitar que la ciudadanía sufra las consecuencias. Valladolid es la única excepción: el pasado mes de julio limitó un par de días su tráfico por este motivo, aunque en esta ocasión no ha tenido que hacerlo al no superar el umbral de peligro. El resto de administraciones se ha limitado a informar a los ciudadanos de que el ozono se había disparado, un aviso que es obligatorio según marca la ley.

No obstante, en otras ciudades de Europa sí se toman medidas. Contrasta la negligencia de las autoridades españolas con la actuación de las de la vecina Francia ante el mismo episodio de ozono: en los últimos días se han decretado restricciones al tráfico en las áreas metropolitanas de París, Estrasburgo, Lyon o Marsella, con prohibición de la circulación de los vehículos más viejos, reducción de la velocidad, encarecimiento de los estacionamientos centrales o rebaja del precio del transporte público, medidas encaminadas a reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno y por ende del ozono.

Cuando se inhala el ozono, hay un incremento del riesgo de enfermedades respiratorias agudas y reducción de la función pulmonar, así como agravamiento de patologías cardiovasculares. La OMS estima que entre 1.600 y 1.800 de los fallecimientos prematuros anuales en España se producen como consecuencia de la exposición a niveles de ozono como los registrados estos días. Además de para las personas, también es tóxico para la vegetación, dañando los bosques y reduciendo la productividad de los cultivos.

Debemos restringir el uso del coche, especialmente cuando haya temperaturas muy elevadas, ayudaría a revertir la situación. Pero para proteger nuestra salud debemos evitar salir al aire libre por la tarde a hacer ejercicio o a realizar esfuerzos a los que no estamos acostumbrados. Son más vulnerables los niños y niñas, mayores, mujeres gestantes o personas con problemas respiratorios o cardiovasculares. Las horas centrales de la tarde y el atardecer son los momentos más peligrosos. Por las mañanas habitualmente no hay mucho ozono, porque las temperaturas no han alcanzado su máximo diario, pero al atardecer es cuando los niveles son más altos.

Fuente: Ecologistas en Acción

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