Las leyendas de Chernobyl

La conmoción y ansiedad provocadas por el accidente nuclear de Chernobyl en 1986 crearon una serie de mitos sobre la que fue la más grave falla nuclear de la historia. En Ucrania, donde está ubicada la central, se habló de cosas como el surgimiento de un desierto nuclear habitado por aterradores animales mutantes o de cómo algunos humanos pudieron sobrevivir a la radiación gracias al consumo de alcohol..

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En 1986 se produjo la peor crisis nuclear de la Historia: Chernobyl estalló provocando una nube radiactiva que se expandió por media Europa. Después de que el reactor reventara, un incendio se desató en las instalaciones que duró diez días. Eso hizo que se diseminara gran cantidad de material radioactivo en las zonas circundantes y en grandes partes de Europa, especialmente en Ucrania, Bielorrusia y Rusia. El área cercana a la planta fue evacuada. Desde entonces, teorías absurdas y leyendas urbanas de todo tipo se han popularizado.

Algunos testimonios de personas que trabajaron en las tareas de contención en el suceso de Chernobyl aseguraban que a las mujeres que se quedaban embarazadas se les forzó a abortar. De los miles de personas que trabajaron durante ocho o nueve años en las tareas de limpieza y contención, a un porcentaje destacable les extrajeron las tiroides por contraer un tumor.

También se ha llegado a decir que los efectos tóxicos de la radiación pueden neutralizarse tomando vodka, vino o cantidades copiosas de cerveza. Y aunque no hay evidencia científica de que el alcohol tenga un efecto protector contra la radiación, investigadores han descubierto que el resveratrol, un antioxidante natural presente en el vino rojo, podría proteger a las células de los daños causados por la radiación.

Se especula desde poco después del desastre con que existan especies de insectos, animales y flora que han sufrido mutaciones aterradoras en la zona contigua a Chernobyl. Hasta que las cámaras de medios occidentales no pudieron entrar en estos parajes ucranianos, una vez se derrumbó la Unión Soviética y se marcharon los rusos, solo podíamos imaginarnos la magnitud del desastre. Teniendo en cuenta que la nube de radiación se extendió por medio continente, la mayoría imaginábamos que el área próxima a la central nuclear había quedado devastada. Pero no fue así, todo lo contrario, hay un gran espesor de vegetación y quiénes visitan el lugar se encuentran con numerosos animales de todo tipo, incluso perros, descendientes de los que hace años quedaron abandonados al ser evacuados sus dueños, canes que aparentemente están muy sanos, aunque las autoridades recomiendan no acariciarlos, por precaución.

Una inmensa cantidad de pájaros y animales murieron a causa de la radiación poco después de las explosiones de aquel 26 de abril, pero solo se han registrado unos pocos efectos duraderos de la radiación, que han hecho que aparezcan árboles atrofiados y animales con niveles altos de cesio-137.

Pero si hay tanta fauna y flora, y además variada, se podría decir que la radiación no fue tan dañina sino un engaño para no visitar la zona puesto que el Gobierno tenía instalaciones secretas, se dijo que en realidad la zona de exclusión fue creada para levantar un centro secreto de investigación de armas psicotrópicas.

En realidad, la propia Chernobyl era un proyecto secreto, pero a su vez era una tapadera para otro aún más secreto: el gigantesco radar “Duga”. Una antena enorme de 150 metros de altura y cuya instalación se extiende a lo largo de 800 metros con el objetivo de detectar misiles que procedieran del oeste. Eran tan grande que requería una cantidad tremenda de energía eléctrica pensando las autoridades soviéticas que las proximidades de Chernobyl sería el lugar adecuado para su emplazamiento.

La central nuclear comenzó a construirse en 1977 y cuando se instaló el radar Duga ya llevaba funcionando varios años, con cuatro reactores a pleno rendimiento. Se cree que fue la necesidad de abastecer de suministro eléctrico al enorme radar lo que motivó la construcción de otros dos reactores. Evidentemente, tras la explosión, se abandonó el radar.

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Algunos creen que la zona de exclusión será remplazada por una reserva natural apta para el turismo ecológico. En realidad, el año pasado el gobierno de Ucrania consideró “recortar” la zona de exclusión a 10 km y declarar el resto una reserva de la biósfera. Pero por varias razones no se llegó a concretar este proyecto, pues hay científicos que consideran que los sitios de depósito de desechos radiactivo dentro de la zona de 30 km son todavía muy peligrosos, lo que hace que el área sea insegura para que los humanos la habiten al menos durante 20.000 años.

Pero el terreno se puede aprovechar para otros menesteres. La instalación de plantas solares, que requieren una gran cantidad de superficie para ser eficientes, toma cuerpo en Chernóbil treinta años después. Solo a unos 100 metros del sarcófago, la estructura de metal sellado que confina los elementos radiactivos para evitar fugas, se extiende un campo de placas solares. Actualmente los trabajos casi han terminado. La granja solar ofrecerá 1 MW de potencia a la red eléctrica local. La nueva planta solar tiene 16.000 metros cuadrados y despliega 3.800 paneles fotovoltaicos. Sin embargo, hay muchas complicaciones para crear este tipo de estructuras en Chernóbil. La contaminación del suelo ha propiciado que los paneles se fijen mediante hormigón al suelo. Excavar o perforar en el terreno está tajantemente prohibido.

Y es que los restos de la radiación están en las tierras. No se van fácilmente y el suelo no sirve para la agricultura ni para construir viviendas.

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El desastre de Chernóbil afectó a las vidas de unas 600.000 personas. Las víctimas directas fueron en su mayoría los trabajadores de la planta, así como los bomberos, que recibieron dosis letales de radiación. La mayoría de las víctimas directas están enterradas en el cementerio Mitino en Moscú. Cada cuerpo está conservado en un ataúd de hormigón, debido a su alta radiación. Actualmente alrededor de cinco millones de personas siguen viviendo en las zonas contaminadas actualmente.

Tras el accidente de Chernobil, los médicos detectaron un aumento de casos de enfermedades somáticas, causadas por factores de carácter no radioactivo: los psicológicos y los sociales. El estrés, la fobia a la radiación, unos cambios bruscos del régimen de vida y de alimentación, causaron un aumento de los casos de hipertonía, infartos de miocardio, derrames cerebrales isquémicos y úlceras de estómago.

Entre las personas que padecían este miedo irracional e incontrolable a la radiación aumentó el número de trastornos del sistema nervioso central: entre los encargados de liquidar las consecuencias del accidente se registraron varios casos de esquizofrenia y suicidios. En el Centro de Medicina radioactiva adscrito a la Academia de Medicina de Ucrania se estudió también el estado de salud de los habitantes de la zona de Chernobil, llegando a la conclusión de que las personas que fueron expuestas a altas dosis de radiación, se volvieron extremadamente sensibles y delicadas. Sin embargo, parece ser tan sólo una hipótesis.

Fuente: Chernobyl // BBC

 

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