La filoxera, la plaga que desarticuló la estructura agraria en Europa

Éste insecto entró en Europa por Francia en 1863, y desde allí se fue extendiendo por todo el continente. Parece ser que fue un tal Mr. Lalimon, de Burdeos, quien involuntariamente introdujo la plaga. Este cultivador, preocupado por aclimatar cepas inmunes al oídium, achaque común de los viñedos europeos, hizo traer de EE.UU. plantones que utilizó en su finca. Mr. Lalimon envió vides filoxeradas de su plantación a un viticultor llamado Mr. Borty, en el sur de Francia, donde la plaga se manifiesta en 1866, esparciéndose por toda Europa…

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Durante la segunda mitad del siglo XIX los viñedos de Europa fueron atacados por tres plagas de origen americano contra las que la vitis europea no estaba preparada, por lo que sufrió grandes daños antes de encontrar los remedios contra las mismas, cosa que se hizo con grandes sacrificios económicos y, por primera vez, con la inestimable ayuda de la ciencia. Dos de las plagas, el oidium y el mildew, son de tipo criptogámico y están provocadas por hongos que se reproducen en ambientes climáticos de temperaturas suaves y altos índices de humedad y sólo pueden ser atajadas mediante tratamientos con productos químicos (azufre para el oidium, sultato de cobre para el mildew). Dañan las hojas y las uvas reduciendo la cosecha, pero no matan la vid.

La filoxera es de naturaleza animal, pues se trata de un insecto parásito de la vitis americana, en la que vive sin dañarla, pero que transferida a la vitis europea acaba estrangulando sus raíces y provoca la muerte inexorable de la misma. Aunque hay algunas condiciones naturales que la frenan (ambientes áridos y suelos arenosos), en el resto de casos no hay tratamiento químico ni natural contra ella, por lo que la única solución es sustituir los pies europeos por los americanos. Más de cinco millones de hectáreas de viñedo tuvieron que ser arrancadas en toda Europa entre 1870 y 1930.

Filoxera en España

La ruina del viñedo francés, iniciada a partir de 1861, tuvo también como efecto el crecimiento de la exportación de los vinos de España y además el incremento sustancial de la superficie del viñedo español. Pero aunque tardamos bastante tiempo no nos libramos de los efectos debastadores. La filoxera irrumpe en nuestro país el año 1878. Los tres focos iniciales fueron Girona, Málaga y la frontera portuguesa del Duero.

La difusión fue lenta siendo las zonas más tardíamente afectadas La Rioja, Cariñena, Requena, Jumilla, Tierra de Barros y La Mancha. Esta invasión amortiguada permitió una fuerte expansión de sus viñedos, aprovechando la destrucción de los de las regiones vecinas. El final de la filoxera se sitúa hacia 1930. Esta plaga hizo cambiar la superficie del viñedo español y la forma de elaborar para siempre. Con el fin de proveer de vino al mercado francés se firmó un tratado comercial con el país galo, además esto disparó las exportaciones del vino español.

Respecto a otras regiones, en Navarra el vino se convirtió en uno de los principales productos de exportación. Además en Alicante llegaron a cultivarse más de 90.000 hectáreas de viñedo. En Galicia la plaga también fue una tragedia y no se recuperó el cultivo hasta hace apenas 30 años. Canarias se libró afortunadamente de la filoxera. En 1887 llegó también la plaga de la filoxera al Penedés devastando los cultivos de uva. Por lo tanto, esto provocó la sustitución de las variedades tintas utilizadas y la renovación del viñedo con variedades blancas autóctonas. Este cambio fue el germen del florecimiento del cava.

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Un parásito imparable

El parásito vive en las hojas y sobre todo en raíces de la vid y chupa la savia de las plantas. Como se multiplica enormemente, aunque la porción de savia que chupe cada pulgón sea muy pequeña, el resultado final es que se lesionan las raíces y la planta termina muriéndose. Se propaga por vía aérea, por el suelo e incluso en las herramientas de los viticultores.

Para luchar contra la filoxera se creó en Francia una comisión especial, que en 1855 llegó a presidir Louis Pasteur, quien había sido miembro desde sus orígenes. Años más tarde se celebró en Berna una Convención Internacional sobre la Filoxera, con el fin de compartir experiencias y llegar a acuerdos entre todos los países afectados.

Después de muchos años de luchar contra la plaga, la salvación vino del mismo lugar del que había llegado el problema. Se observó que las raíces de las vides originarias de América eran resistentes al insecto, de manera que fueron usadas como base sobre la cual luego se injertaron las variedades europeas. Se superó la plaga gracias a que se realizó el injerto de las cepas europeas en pies de vid americanos. Por lo tanto, la parte de la planta que se encuentra bajo tierra es americana y sobre ella se asienta el injerto. En la actualidad todos los nuevos viñedos se plantan con este sistema. 

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