El Observatorio Nacional de Atenas

Como una donación a las ciencias griegas el entonces embajador griego en Viena entregó una suma de dinero al estado para que este observatorio pudiera construirse. Se inauguró oficialmente el 26 de junio de 1842, día en el que tuvo lugar un eclipse de sol y en una ceremonia que contó con la presencia del Rey de Grecia, Otto, políticos y miembros de la Iglesia Ortodoxa Griega…

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Por Paco Bellido

La convulsa historia de Grecia durante los primeros años del siglo XIX trajo un nuevo régimen político, la monarquía de Otón I, descendiente de una dinastía alemana originaria de Baviera. El rey Otón reinó desde 1832, cuatro años después de la liberación del país de manos otomanas. En un esfuerzo por modernizar el país surgieron la Universidad Técnica Nacional de Atenas (1836) y la Universidad de Atenas (1837). En 1842 nace el Observatorio Nacional de Atenas (Εθνικό Αστεροσκοπείο Αθηνών), la primera institución de investigación creada en el moderno estado griego. En la actualidad el Observatorio Nacional de Atenas se divide en tres centros, el principal se encuentra en Thissio a poca distancia de la Acrópolis; el de Penteli, donde se conserva el refractor de Newall y el Observatorio de Kryonerion en Corinto.

La colina de las ninfas

El Observatorio Nacional de Atenas se alza sobre la Colina de las Ninfas, una de las siete colinas históricas sobre la que se asienta la ciudad de la Acrópolis y lugar donde transcurre la comedia de Shakespeare El sueño de una noche de verano. Para los aficionados a las curiosidades conviene señalar que no es la única conexión de esta obra con la Astronomía. De hecho, William Herschel bautizó a Titania y Oberón, los dos mayores satélites de Urano que él mismo descubrió en 1852, con los nombres de dos de personajes de esta comedia shakesperiana. La colina fue un santuario en la antigüedad como atestigua una inscripción sobre piedra que se puede ver todavía junto a la entrada del edificio principal. A poca distancia de aquí, en la colina Pnyx, se encuentran los restos de un antiguo observatorio del siglo V antes de nuestra era utilizado por Metón de Atenas, conocido por descubrir el ciclo metónico de 19 años tras los cuales se repiten las mismas fases lunares en las mismas fechas. En este lugar, Metón instaló el heliotropo, un ingenioso instrumento para observar el movimiento del Sol y determinar así la fecha de los solsticios.

El edificio de Sinas

El edificio principal del observatorio fue diseñado por el famoso arquitecto danés Theophilus Hansen, también artífice de la Catedral de Atenas, de la Academia y de la Biblioteca Nacional de Grecia, siguiendo el estilo neoclásico en boga en la época. Hansen es responsable en gran medida del aspecto actual de la Ringstrasse de Viena, sus obras más conocidas son el edificio del Parlamento austríaco y la Wiener Musikverein, la famosa sala de conciertos en la que se celebra cada 1 de enero el Concierto de Año Nuevo.

El mecenas que corrió con los gastos fue el empresario griego Georgios Sinas, hijo de un próspero comerciante establecido en Viena. Sinas era cónsul de Grecia en Viena y durante 25 años fue director jefe del Banco Nacional de Austria. Durante toda su vida fue un gran benefactor y no solo del estado griego. Entre sus contribuciones destaca la construcción del primer puente sobre el Danubio que permitió conectar de manera permanente las localidades de Buda y Pest, dando así lugar a la ciudad de Budapest.

El 8 de julio de 1842 (26 de junio según el antiguo calendario aún en vigor en Grecia) se puso la primera piedra del Observatorio coincidiendo con un eclipse. El 21 de septiembre de 1846 el Observatorio Nacional de Atenas abría sus puertas. En el friso de entrada se puede leer la máxima SERVARE INTAMINATUM, «mantener inmaculada», así como el blasón de Sinas, artífice de las instalaciones.

Desde 2008, el edificio de Sinas se ha convertido en museo y se utiliza para actividades de divulgación. Además de una bella biblioteca que contiene un interesantísimo fondo documental histórico y bibliográfico, el museo de geo-astrofísica exhibe diversos instrumentos científicos de los siglos XIX y XX correspondientes a varias disciplinas además de la astronomía: meteorología, geodesia y sismología. En la biblioteca se pueden encontrar libros como la Astronomiæ Instauratæ de Tycho Brahe, publicada en Frankfurt en 1648, o ediciones antiguas en griego y latín de las Cónicas de Apolonio de Pérgamo.

En otra de las salas encontramos uno de los primeros instrumentos del observatorio. Se trata de un círculo meridiano de 94 mm de diámetro fabricado por Starke y expuesto en 1845 en una exposición de instrumentos científicos en Viena. En 1847, el astrónomo y físico George Vouris, primer director del observatorio, lo trajo a Atenas en un lote de instrumentos. El círculo meridiano permitió establecer con la máxima precisión las coordenadas geográficas del observatorio, punto de referencia para los mapas cartográficos del país.

Desde la cúpula del edificio principal se disfruta de unas vistas incomparables de la Acrópolis y de toda la ciudad. Bajo el domo se encuentra un telescopio refractor construido por el óptico vienés Georg Simon Plössl en 1845. Se trata de un doblete acromático de tipo Fraunhofer de 158 mm y relación focal f/15 sobre montura ecuatorial alemana. Durante el período de 1955 a 1970 el telescopio se adaptó para realizar observaciones solares en H-alfa.

Este instrumento, uno de los más interesantes del Observatorio Nacional de Atenas y el más importante de sus inicios (1845-1902), sirvió para trazar buena parte del famoso mapa lunar de Schmidt y jugó un papel decisivo en una de las polémicas astronómicas más encendidas del siglo XIX.

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El misterio del cráter Linné

A la edad de 14 años, Johann Friedrich Julius Schmidt (1825-1884) se topó con una copia de Selenotopographische Fragmente, un detallado mapa lunar obra del gran observador y selenógrafo Johann Schröter. El encuentro resultó decisivo, quedó tan fascinado por los grabados de los cráteres y montañas lunares que su futuro quedó marcado en ese preciso instante.

Schmidt asumió el cargo de director del Observatorio de Atenas el 2 de diciembre de 1858 tras haber pasado por otros observatorios, entre ellos los de Hamburgo, Bonn y Olomouc. En la historia del estudio de la Luna, el período comprendido entre 1838 y 1866 supuso un estancamiento de los avances en selenografía. A pesar de que algunos observadores, tales como los reverendos ingleses Theodore Evelyn Reece Phillips y Thomas William Webb o el aficionado inglés William Radcliffe Birt, mantuvieron el interés en nuestro satélite, los mapas de Beer y Mädler se consideraban prácticamente definitivos. La gran obra de estos dos observadores aparecida en 1837, Der Mond (La Luna), era un completo compendio de todos los conocimientos selenográficos recabados hasta la época: mapas y dibujos detallados, análisis del movimiento lunar, de los eclipses y de las mareas, así como especulaciones sobre el origen de las formaciones visibles al telescopio. A pesar de no haber sido traducida al inglés, su influencia fue enorme en la época.

Schmidt era un observador compulsivo, quizás el astrónomo que más horas de su vida haya dedicado al estudio de la Luna. De hecho, es uno de los astrónomos que aparecen en Alrededor de la Luna, la famosa obra de Julio Verne. Con meticulosidad germánica se dedicó a plasmar más cráteres, grietas y montañas en su propio mapa de lo que nadie había hecho hasta el momento. Siguiendo la técnica desarrollada por Schröter, calculó la altura de los picos y las dimensiones de innumerables cráteres lunares. El mapa de Schmidt, que consta de 25 láminas y se publicó bajo el título Charte der Gebirge des Mondes(Cartas de las Montañas de la Luna), es el culmen de la selenografía del siglo XIX. En una de las paredes del Observatorio de Atenas se puede ver el impresionante mapa. Con casi dos metros de diámetro, incluye 33.000 cráteres y 3000 picos montañosos.

La otra pasión de Schmidt eran los terremotos, con veinte años había comenzado a recopilar datos para un catálogo global de seísmos. En Grecia, el país con mayor actividad sísmica de Europa, registró más de 3800 terremotos durante un período de 20 años.

Pero lo que hizo que el nombre de Schmidt se hiciera conocido en los círculos astronómicos de todo el mundo fue el anuncio de la desaparición de un cráter lunar situado en el lado occidental del Mar de la Serenidad. La noche del 16 de octubre de 1866, con una Luna de ocho días, Schmidt advirtió que, a diferencia de otras veces, el cráter Linné (así llamado en honor al botánico sueco Carlos Lineo) presentaba un aspecto desvaído. Ahora, en el lugar que antes ocupaba un cráter evidente que recordaba haber observado en otras ocasiones, apenas se veía una mancha blanquecina y difícil de observar.

En la carta en francés que envió a Birt explicaba que un cráter había dejado de ser visible. La noticia corrió como la pólvora, un observador de la autoridad de Schmidt no podía equivocarse en una afirmación de tanto calado. En 1834, Wilhelm Gotthelf Lohrmann había descrito el cráter como la segunda formación más destacable de su área, con unos 9,5 km de diámetro. ¿Acaso la Luna no era un mundo inerte como habían imaginado Beer y Mädler? Conviene recordar que en esta época todavía no estaba clara la naturaleza de los cráteres lunares. Todavía la mayoría de los astrónomos pensaba que los cráteres tenían una naturaleza volcánica, para llegar a la constatación de la formación de cráteres por impacto habría que esperar a los trabajos de Eugene Shoemaker en los años sesenta del pasado siglo.

El propio Schmidt, repasando sus cuadernos de observación, comprobó que había dibujado el cráter Linné como un cráter bien definido al menos en cinco ocasiones entre abril de 1841 y agosto de 1843. En aquella época era un adolescente con poca experiencia y un pequeño refractor de solo 20 aumentos, pero sus dibujos coincidían con los de Lohrmann y Mädler. A estas alturas y con las nuevas observaciones, la conclusión era evidente: “uno de los cráteres de la Luna ha dejado de existir”.

El prestigio y la fama de Schmidt convencieron a muchos astrónomos de que el cambio era real. Parecía imposible que observadores anteriores hubieran representado el cráter Linné como un cráter acusado teniendo en cuenta el aspecto que presentaba ahora. Schmidt, que había sido testigo de una erupción volcánica en la isla de Santorini, propuso una explicación según la cual el cráter había quedado cubierto por una erupción de fluido o cenizas.

Las imágenes del Apolo XV o de la sonda Clementine parecen no dejar lugar a dudas. Linné es un cráter de impacto bastante común, aunque de un diámetro bastante menor a lo que calculó Lohrmann, apenas 2,4 km. En realidad, no hay nada que nos haga pensar que haya sufrido alguna variación. La explicación más plausible es un error de observación en los mapas de Lohrmann y Mädler, realizados a mano en condiciones no ideales en muchos casos. El asunto dio lugar a un renacido interés por la observación lunar y a un cambio de tendencia, la cartografía lunar realizada hasta el momento había demostrado ser inadecuada. Hacían falta mejores mapas y de mayor tamaño, y la fotografía daría respuesta a esta necesidad. El mapa de Schmidt fue uno de los últimos grandes mapas de la historia de la selenografía.

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El círculo meridiano

Próximo a la cúpula neoclásica de Sinas, resguardado en un edificio de techo corredizo diseñado por el arquitecto Ernst Moritz Theodor Ziller, responsable de la planificación urbanística de buena parte de la nueva Atenas, se encuentra el refractor meridiano de 15 cm fabricado por Gautier y adquirido por el observatorio en 1899. El círculo meridiano se compró gracias a la donación de otro filántropo, Andreas Syggros, que hizo una donación de 50.000 francos-oro. También se conservan un péndulo y un cronógrafo fabricados por Auguste Fénon.

Este instrumento, utilizado en astronomía de posición para la determinación de coordenadas celestes, estuvo en uso hasta 1964 sirviendo para el cálculo de la hora oficial, uno de los cometidos del Observatorio Nacional de Atenas.

El refractor Doridis

Bajo una cúpula plateada de ocho metros de diámetro encontramos otro de los instrumentos clásicos del observatorio utilizado de forma continuada a partir de 1901. Construido en 1899 por el gran fabricante francés Paul Ferdinand Gautier, el doblete acromático tiene un diámetro de 40 cm y una distancia focal de 5,08 metros. El instrumento debe su nombre a otro benefactor de la diáspora griega, Dimitrios Doridis. Durante 57 años fue el telescopio más grande de Grecia, hasta la adquisición del refractor Newall, un instrumento de 62,5 cm de diámetro y 8,86 metros de distancia focal, heredado de la Universidad de Cambridge en 1957 que se puede visitar actualmente en Penteli, otra de las sedes del Observatorio Nacional de Atenas, a unos 20 km de la colina de las Ninfas. Como atestiguan los dibujos y fotografías que decoran el edificio, el refractor Doridis se utilizó en observación de planetas, cometas y la Luna, así como en astrometría y fotometría de estrellas variables. Con un poder de resolución de 0,3”, el telescopio Doridis permitía alcanzar la magnitud 15,2 en los años cincuenta del siglo pasado, algo totalmente impensable ahora con la contaminación lumínica de la región del Ática.

Se utilizó por primera vez el 30 de agosto de 1905 con ocasión de un eclipse solar. En la actualidad, tras una completa restauración realizada en 2014, se utiliza para actividades de divulgación pública. Durante nuestra visita tuve ocasión de observar la Luna y, aunque resulta emocionante observar por un instrumento histórico de estas características, la aberración cromática del doblete era muy evidente.

Visita al Observatorio

El Centro de Visitantes está abierto de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 h. Además de las visitas matinales, se pueden organizar visitas para grupos de hasta 25 personas con cita previa, tanto en griego como en inglés. Si el tiempo lo permite se pueden realizar observaciones nocturnas con el telescopio Doridis.

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