Jean Baudrillard, el filósofo que alertó sobre la ‘era Matrix’

Cargado de escepticismo y de irónico desapego, el filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard ha acuñado términos tan seductores como “simulación”, “hiperrealidad” y “virtualidad” y los anduvo aplicando a cada fenómeno social. Las guerras, el sexo, la pasión, la prensa, la política…, nada se libra del atinado dardo de este francés descreído que opinaba que vivimos en un mundo “virtual”, es decir, que sólo existe en la pantalla de televisión, en una representación iconográfica o en su posibilidad de convertirse en información binaria transferible vía cable…

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Matrix es una película que rompe las barreras establecidas del mundo futuro para brindarnos una cinta que recrea a la nueva sociedad. Poco a poco, el elegido, Neo, debe descubrir cómo regresar a la realidad, una en la que todos los humanos se encuentran conectados para dejar de vivir en un mundo virtual ficticio. La película tiene referencias bastante explícitas a Jean Baudrillard y sus teorías. El libro favorito de Neo es la obra Simulacro y simulación, título de Jean Baudrillard, sin embargo, en el mundo de la simulación, este libro no es más que una representación de un libro que en el interior tiene un software pirata.

Simulacro y Simulación

Nacido en 1929 y fallecido en marzo del 2007,  fue un sagaz formulador de epitafios para el viejo orden de las utopías, buscando las cosquillas a un postmodernismo en el que las ideas, el compromiso y la rebeldía se diluyen como una aspirina en un vaso de Coca-Cola. Así, Jean Baudrillard se convirtió en la mejor cabeza pensante sobre el mundo de la tecnología, de las redes informáticas, del poder de los medios de comunicación y de la realidad virtual.

Entre otros conceptos, supo descifrar con notable clarividencia los mecanismos por los cuales el simulacro y la simulación se convirtieron en los verdaderos filtros de la realidad, la cual a su vez, por esta causa, experimentó un proceso de potenciación que la elevó a la cualidad de “hiperrealidad”, al parecer, un estadio inevitable en la tendencia ideologizante del sistema económico en el cual vivimos.

De acuerdo con la interpretación de la profesora  Martha Nélida Ruiz Uribe del Instituto Universitario Internacional de Toluca, México, en la revista www.razonypalabra.org.mx, de uno de los ensayos fundamentales de Jean Baudrillard, Cultura y simulacro,  su autor desarrolla la idea del simulacro como fenómeno que atraviesa a las sociedades contemporáneas y que se caracteriza por el surgimiento de la hiperrealidad, la simulación y la confusión entre signo y sentido, siendo así que el primero elimina al segundo.

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En 1968 Jean Baudrillard no era ya estudiante, sino profesor de la Universidad de Nanterre, pero jugó un papel destacado en los hechos de mayo. Hacía sólo dos años que había leído su tesis doctoral, dirigida por Henri Lefebvre, sobre el sistema de los objetos. Precisamente en 1968 publica el libro del mismo título, que da ya una idea de su particular y no siempre fácil pensamiento. Analiza en él la relación del hombre con los objetos en la sociedad de consumo, tratando de circunscribir “un plan de racionalidad del objeto”, ya que éste tiene una estructura que le es propia, de la cual resulta una función con una significación independiente de su uso.

El análisis de Baudrillard en esta obra primeriza, según Denis Huisman, que la incluye en su Diccionario de las mil obras clave del pensamiento, adquiere la dimensión de una “tecnología estructural”. La sociedad de consumo aparece como una manifestación pletórica de signos, como un sistema cuya incoherencia nace de la frustración que engendra el propio sistema. Con el paso del tiempo, Baudrillard se convirtió en uno de los pensadores más representativos de la posmodernidad, si bien da la impresión de que no llegó a ganarse una clara respetabilidad académica.

Parece sintomático que algunos diccionarios de Filosofía, como el de Cambridge o el dirigido por Jacobo Muñoz y publicado por Espasa, no le concedan una entrada, así como su escasa presencia en historias de la Filosofía contemporánea que sí se ocupan de colegas y compatriotas suyos como Foucault, Lacan, Deleuze o Derrida. El hecho de que su pensamiento sea difícil de encasillar en corrientes concretas, aunque la etiqueta de posestructuralista sea la más frecuente, ha podido influir en ese sentido.

Por otra parte, a Baudrillard nunca le ha abandonado la sospecha de ser un provocador y, concretamente al sur de los Pirineos, de ser uno de esos nombres inflados por el chovinismo y la maña francesa para la autopromoción. Una de sus tesis más conocidas es que en el mundo posmoderno no hay realidad, sino simulacro de la realidad, una suerte de realidad virtual creada por los medios de comunicación. En cierto modo, Baudrillard se adelantó a los creadores de Matrix.

Una expresión especialmente resonante de esa idea la lanzó con ocasión de la primera Guerra del Golfo, la que promovió Bush padre en 1991. Primero, predijo que la guerra no ocurriría y cuando las bombas habían caído ya sobre Bagdad mantuvo la misma idea. “La guerra del Golfo no ha existido”, dijo con contundencia. En su opinión, la guerra, para la gran mayoría del planeta, había sido un espectáculo televisivo, no había sido real, y EEUU, con sus seguros bombardeos aéreos, había participado en ella como los jugadores de videojuegos.

Otra cara de esta tesis es que la primacía de los símbolos sobre las cosas, característica de la sociedad de masas, no ha hecho más que acentuarse y la representación de la realidad se sobrepone a la realidad misma; lo real ya no es aquello que se puede reproducir, sino lo reproducido. De algún modo, seguimos en Matrix. También en cierto modo puede verse a Baudrillard como un filósofo que ha llevado la sospecha hasta sus últimos límites: no es que haya veladuras sobre la realidad como pensaron Marx, Nietzsche y Freud, es que no hay propiamente realidad.

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Naturalmente, fue un pensador que se ocupó de la televisión. En su opinión, la televisión crea una densa red que envuelve al individuo, sustituyendo las formas de interlocución y convirtiéndose en la fuente única para la percepción y la comprensión de aquello que conviene que suceda. El silencio está proscrito de la televisión, tesis -ésta sí- con la que es más fácil coincidir.

En este mundo posmoderno, el terrorismo es, para él, como un exceso de realidad, una sacudida de realidad, artificialmente provocada para lograr la quiebra ideológica de la estrategia virtual y que el mundo entre en crisis. Sin embargo, la sobredosis de realidad que fue el ataque a las Torres Gemelas le pareció en su momento insuficiente para abrir las puertas a la realidad real.

Como muchos sociólogos actuales (Baudrillard aparece como sociólogo en algunos libros) el pensador francés centró su atención en Estados Unidos, arquetipo de la sociedad posmoderna. En 1976 publicó un libro titulado ‘El intercambio simbólico y la muerte’. En él, profundizaba en sus ideas características, planteando que sólo la muerte puede irrumpir en este orden de simulacros.

No cabe resucitar antiguos valores, que son simulacros de por sí, ni oponer a éstos nuevos valores, condenados a ser nuevos simulacros. La única estrategia posible no es dialéctica, sino catastrófica; o mejor, patafísica. Porque el sistema es un ‘Todo’ que no admite alternativas, no cabe oponer Sade a Marat (o, en palabras de Lyotard, una economía libidinal a la economía del sistema). Sólo la propia tautología del sistema es el arma que puede acabar con él.

Imágenes: Vía Pinterest

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