Las ‘plagas’ que azotan Doñana: el problema es el agua, no el fuego

La Unesco acaba de retirar su ultimátum tras ser convencidos por la misión española de que han plantado cara a los peligros diagnosticados en 2015, da dos años y mantiene la alerta..

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Vista de la Cañada de los Pájaros, primera reserva natural concertada de España, ubicada en Puebla del Río (Sevilla), en el Espacio Natural de Doñana. (EFE)

Por Isabel Morillo

Apenas un día después de que se diese por extinguido el fuego que llamó a las puertas del Parque Nacional de Doñana y que puso a muchos el alma en un puño, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, reunido en Cracovia (Polonia), retiró el ultimátum que se dio en 2015 y que amenazaba con meter en la ‘lista negra’ de patrimonio mundial en peligro a esta reserva de la biosfera única en el mundo.

La misión española, desplazada este miércoles de forma inusual a este tipo de citas, reunió, capitaneados por la embajadora de España ante la Unesco, a altos cargos de Gobierno y Junta que defendieron al unísono y con éxito las actuaciones realizadas en los últimos dos años. El fuego es un enemigo sobrevenido pero las plagas que pueden acabar con el Parque Natural, declarado en 1969, son otras, y su talón de Aquiles no son las llamas sino el agua. La Unesco ha advertido de que extremará la vigilancia y pedirá un nuevo informe en diciembre de 2018 que deberá abordarse en la reunión de julio de 2019.

Por delante quedan dos años y varios enemigos claramente identificados. El primero, la proliferación de pozos ilegales para mantener el cultivo intensivo de la fresa, y otros frutos rojos, en la comarca onubense. Esa extracción de agua sin control del subsuelo está dañando el acuífero, vital para Doñana. “Su declive puede representar un peligro potencial sobre el Valor Universal Excepcional (OUV, por sus siglas en inglés) del enclave, considerado Patrimonio Mundial de la Humanidad”, recoge el informe de la Unesco. Las autoridades españolas pelearon mucho para que se eliminara esa alusión a la ‘lista negra’ de bienes en peligro y lo consiguieron, pero la advertencia está ahí con claridad.

“Misión técnica”

El director del Parque de Doñana, Juan Pedro Castellano, celebra el paso atrás de la Unesco y defiende que no es fruto de la presión política y diplomática. “Ha acudido una misión técnica, no ha sido una labor diplomática, y llevamos desde marzo defendiendo que se sumaran informes y actuaciones que no se habían incluido en el documento original”, explica. Los técnicos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que redactaron un informe demoledor, obviaron parte de las alegaciones de las administraciones españolas que ahora sí se han contemplado.

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Imagen de archivo de la laguna de Santa Olalla, en pleno corazón de Doñana. (EFE)

Ha habido dos claves para que Doñana pueda evitar, de momento, engrosar esa lista de patrimonio en peligro. La primera, la renuncia al dragado del Guadalquivir y el compromiso de retirar definitivamente ese proyecto de la planificación hidrológica aprobada. Las autoridades dejaron claro que esa obra no se va a autorizar. Amenaza, por tanto, desactivada.

El segundo gran peligro, el abuso con las aguas subterráneas, sigue ahí. Las actuaciones para poner orden, recogidas en el llamado Plan de la Corona Norte o Plan de la Fresa, comienzan en diciembre de 2014. Desde entonces el Gobierno informa del cierre de 395 pozos ilegales, 41 de la demarcación de Tinto, Odiel y Piedras y 264 de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. WWF estima que hay más de 1.000.

Hace años de madrugada brotaban invernaderos como setas. Con nocturnidad y alevosía se montaban cultivos de fresa sin autorización de la noche a la mañana. El ‘boom’ fue espectacular, se calcula que más del 95% de las 300.000 toneladas anuales de fresa que produce España se concentran en Huelva. En Andalucía hay más de 8.000 hectáreas dedicadas al fruto rojo. Hasta 1976 la producción se limitaba a Palos de la Frontera, Moguer y Lucena del Puerto, pero desde entonces se extendió por todo el litoral occidental de Huelva hasta las 11.000 hectáreas cultivadas. En el entorno directo de Doñana se localizan más de 5.000 hectáreas dedicadas al fruto rojo.

El robo de agua

Según la organización ecologista WWF, el 15% de estos cultivos alrededor del Parque es ilegal. Eva Hernández, que ha participado en la misión ante la Unesco y es responsable del programa de aguas y agricultura de WWF, explica que hay tres tipos de fincas. Unas en verde, que ya han sido legalizadas. Otras en ámbar, sobre las que principalmente se está actuando, cerrando pozos ilegales y dándoles agua en superficie mediante trasvases. Y otras en rojo, sobre las que los ecologistas insisten que solo queda una actuación posible, clausurarlas de manera urgente. Son a todas luces ilegales, no solo porque roban el agua sino porque se asientan en terrenos que no se pueden dedicar al uso agrícola. Sobre estas, insiste la portavoz de WWF, aún no se ha comenzado a actuar.

El problema social es importante. WWF ha llevado muchos casos a la Fiscalía y los cierres que se han producido, a cuenta gotas, llegan por orden judicial. “Es verdad que hay un problema social asociado que tiene que resolverse, pero no a costa de crear un problema medioambiental grave. Si el acuífero se seca y Doñana se muere, acaba todo, la agricultura, el turismo… todo. Hay que actuar”, insiste Hernández.

“El Parque está al límite. Hay actuaciones positivas que hay que reconocer pero o se toman medidas de urgencia o puede tener un gran impacto”, añade la portavoz de WWF. La extracción ilegal de aguas subterráneas afecta directamente al acuífero, al corazón de la reserva natural, y el cambio climático y la sequía no ayudan en absoluto. Los ecologistas alertan de que ya hay consecuencias: “han desaparecido especies, hay aves que ya no anidan en el Parque y tenemos un problema añadido con las especies invasoras”.

La presión social

Juan Pedro Castellano, director de Doñana, admite que hay “temas y problemas puntuales” pero defiende que la relación del Parque con la comarca es “muy razonable”. Defiende que las administraciones y las asociaciones conservacionistas comparten el diagnóstico e incluso las actuaciones que han de llevarse a cabo y quizás discrepan, explica, en los tiempos de ejecución. El llamado Plan de la Fresa va demasiado lento para los ecologistas y demasiado rápido para los agricultores. Castellano defiende que el nivel de conservación es bueno. Se muestra optimista y asegura que los problemas están identificados y se están atajando.

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Pajaritas frente al Congreso de los Diputados para reclamar una mayor protección a Doñana. (EFE)

Como muestra se refiere a la compra por parte del Estado de la finca de los Mimbrales, localizada en Almonte, que costó 49,8 millones de euros. Esa intervención de urgencia supuso adquirir derechos sobre 6,8 hectómetros cúbicos de agua, una cantidad que cubre aproximadamente un 20% de la demanda. La operación, no exenta de polémica, ha sido clave para que la Unesco haya suavizado sus advertencias.

El ‘lobby’ de la fresa

La mayor manifestación a las puertas del Parlamento andaluz esta legislatura, con 17.000 personas, tuvo lugar en abril de 2016 y la convocaron los freseros de Huelva. La plataforma en Defensa de los Regadíos del Condado defiende que el plan de la Junta clausurará un 30% de las explotaciones, una de cada tres, y advierte de que cada año generan más de 40.000 empleos. El ‘lobby’ de la fresa es muy poderoso y el problema es también político. Tanto PP como PSOE, que tienen en Huelva una bolsa muy importante de votantes, atienden y se reúnen periódicamente con el sector. La presión es brutal.

Quedan otras ‘plagas’ sobre Doñana. La Unesco ha aflojado igualmente el tono de sus advertencias sobre la construcción de un almacén de gas a manos de Gas Natural. El bloqueo de dos partes de ese proyecto (Marismas Oriental y Saladillo) dentro del Parque Natural ha relajado la amenaza. Aún así, fuera del Parque están previstos los proyectos de Aznalcázar, que tiene declaración de impacto medioambiental favorable pero no autorización administrativa del Ministerio, y Marismas Occidental, actualmente paralizado a pesar de que la empresa sí cuenta con todos los permisos para este subproyecto. La Unesco ha pedido al Gobierno que se remitan con detalle informes de impacto de estos dos proyectos fuera del Parque, a los que la Junta ahora se opone pidiendo que se haga una evaluación conjunta y no a trozos.

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WWF en 2015 rechazó la reinyección de gas natural en pozos de los que fue extraído hace décadas y que ahora están dentro de Doñana. (EFE)

También estrechará el organismo internacional la vigilancia sobre la mina de Aznalcóllar, que se ha reabierto con un permiso de exploración pero para la que aún no hay un proyecto de explotación que, advierte la Unesco, se mirará con lupa. La presa de Guadiamar, un nuevo embalse previsto, también está en el punto de mira, por encima de la amenaza del ladrillo y el ‘boom’ turístico o la presión de más demanda hotelera en la zona o de otros proyectos, más en el aire y largamente demandados, como la construcción de una carretera entre Huelva y Cádiz.

El fuego como amplificador

Son ‘las siete plagas’ que podrían acabar con Doñana y que la Unesco volverá a poner en el punto de mira dentro de dos años. “El fuego solo ha servido como altavoz, como amplificador de un territorio donde existen muchos conflictos latentes”, señala desde Greenpeace Miguel Ángel Soto. “El robo del agua es el principal problema”, concluye con rotundidad. “Se roba agua de un acuífero del que depende Doñana y la Administración ha hecho dejación de funciones”, sostiene Soto. “Lo de la Unesco es un gesto de tibieza. Entendemos que hay suficientes señales de alarma como para que sigamos siendo contundentes. Esperemos que lo hayan entendido bien las administraciones públicas porque hay situaciones de peligro que podrían ser irreversibles”, alerta este portavoz de Greenpeace.

“La masa global del acuífero”, ese del que bebe Doñana pero también, de forma ilegal, mucha agricultura de la zona, “está ahora dividida en cinco masas”, explica el director del Parque. “Dos están en buen estado, son las que están debajo del espacio protegido. Sí nos preocupa el mal estado de las otras tres, que están fuera, y eso puede acabar afectando al conjunto, sin duda”, agrega Castellano. “No hay que obviar los problemas”, defiende, “pero sí defender lo que se está haciendo y eso es lo que hemos hecho ante la Unesco con informes técnicos, datos y cartografía”. En diciembre de 2018 toca nuevo examen.

Artículo de Isabel Morillo (Sevilla)

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