El captagón, la droga que convierte a los yihadistas en asesinos implacables

En principio, el consumo de drogas está prohibido por la fe islámica, pero la causa que podría llevar a los autores de atentados terroristas a consumirlas sería que les ayudan a convertirse en máquinas de matar…

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La droga y el Islam

Pese a que el Islam prohíbe terminantemente el consumo de drogas, la mayoría de estos chicos lo consumen, y algunos de ellos incluso en grandes cantidades. Podría decirse pues que el tema de la fe es más una especie de estrategia que seguir según interese. Estos jóvenes controlados por sus élites asesinas básicamente han aprendido a adaptar su fe a situaciones concretas. Pese a estar atados por la religión y su lealtad a la familia, han creado una serie de reglas propias, hechas a medida de sus objetivos, según los cuales la droga es aceptable.

Personas implicadas en actividades terroristas, a menudo jóvenes recientemente radicalizados, tienen un pasado de pequeños delincuentes, en particular a través del consumo y la venta de drogas, y explotan de diversas maneras sus conexiones con el medio criminal para las actividades terroristas, según apuntaba un informe el pasado año presentado en rueda de prensa en Bruselas por el comisario europeo de Asuntos Interiores, Dimitris Avramopoulos. 

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El fármaco

El Captagón, nombre tras el que se encuentra una mezcla formada por fenetilina, una especie de anfetamina y cafeína  que puede consumirse bien oralmente o por vía intravenosa (lo que multiplica sus efectos) y que provoca la inhibición del miedo y de gran parte de las sensaciones dolorosas. A nivel molecular, la fenetilina penetra en las neuronas y caza los neurotransmisores presentes en las vesículas sinápticas: la noradrenalina y la dopamina. La fenetilina también aumenta la liberación de glucosa.

El captagón aumenta la vigilancia, la concentración, acelera el ritmo cardíaco y reduce la sensación de cansancio (porque libera noradrenalina). Es una droga perfectamente adaptada para el combate.

La persona que la consume puede sentirse como “el rey del mundo” ya que el captagón desinhibe, activa los circuitos cerebrales de la recompensa y del placer (porque libera dopamina) y “permite aumentar la liberación de glucosa, un mecanismo biológico que da más potencia muscular sin tener que hacer esfuerzos. El efecto de euforia del captagón dura de media entre 60 y 90 minutos.

El captagón fue un fármaco que fue creado en los años 60, utilizado para el tratamiento de depresión, la hiperactividad y la narcolepsia, y consumido en comprimidos. La fenetilina, de acción estimulante, era el compuesto activo de este medicamento y  que nació con fines terapéuticos en 1961 fue sintetizada por la empresa alemana Degussa AC.  Así fue hasta 1986, cuando la Organización Mundial de la Salud la incluyó en la lista de sustancias psicotrópicas con una elevada capacidad para crear adicción, lo que provocó que su uso fuera prohibido. A partir de entonces la fenitilina comenzó una segunda vida, rebautizada ya cómo captagón. Y así, mientras muchos jóvenes occidentales potenciaban sus noches de marcha con el uso de cocaína, anfetaminas y drogas de diseño, los “niños bien” de los países del Golpo Pérsico convirtieron al captagon en su droga preferida.

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La cuna de la droga

Según reveló Wikileaks, un cable diplomático estadounidense del año 2009 ya apuntaba a Siria de haber sido en las últimas décadas el principal productor de esta droga. Una sustancia que saltó de los pijos a los yihadistas. ¿Cómo y cuando se produjo esa migración? No está claro pero, según publica el diario Arab news, incialmente la usaron para ganar dinero con su venta, con la que obtenían parte de los fondos que posteriormente destinaban a la compra de armas. Luego, los milicianos comenzaron a  consumirla también debido a sus efectos, que anulaban la posible empatía con sus víctimas, y les hacían parcialmente inmunes al dolor.

Ahora, el captagón lo toman ambos grupos en Oriente Medio, niños ricos y terroristas. De hecho,  tal y como informó el diario Thelifera Independent, la policía del Líbano se incautó en el aeropuerto de Beirut de dos toneladas de esta droga. Su propietario era el príncipe Abdulmohsen Bin walid Bin Abdulaziz Al Saud, un miembro de la familia real de Arabia Saudí. La noticia puso de manifiesto una realidad evidente. Que desde Siria a Turquía, pasando por el Líbano, han  prodo los laboratorios clandestinos para fabricar este tipo de anfetaminas. Muchos están controlados por yihadistas, que compran pastillas a China que luego adulteran para crear su propia versión: el captagón. Las píldoras resultantes se venden a un precio que oscila desde los tres a los veinte dólares.

Diversos testigos ante algunos atentados terroristas acaecidos en éstos últimos años han podido observar el modo de funcionamiento “deshumanizado” y “frío” de los terroristas. Incluso algunos rehenes de estos grupos cuentan que la actitud de los autores cambia a medida que pasan las horas. Aunque las autopsias todavía no han permitido afirmar si estas personas estaban bajo los efectos del captagón en el momento de los hechos, presentaban todos los síntomas.

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