El primer trasplante de cabeza ya tiene fecha: el próximo mes de Diciembre

El cirujano Italiano Sergio Canavero será el autor de una de las cirugías más arriesgadas y tal vez imposibles de esta generación: un trasplante de cabeza. El paciente elegido para esta operación será el Valey Spiridinov, de 31 años, quien recibirá el cuerpo de un hombre fallecido por muerte cerebral…

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Un trasplante completo de cabeza, de un cuerpo a otro y que permitirá a Valey Spiridinov recuperar una vida que prácticamente daba ya por perdida. El paciente es un programador ruso de 30 años que padece una atrofia muscular espinal, una grave enfermedad genética que afecta especialmente a la movilidad, tal y como informa el diario Daily Mail : “Por supuesto que estoy asustado, pero no solo es escalofriante, también es muy interesante. Deben entender que realmente no tengo muchas opciones. Si no aprovecho esta oportunidad, mi destino será muy triste porque cada año que pasa mi estado empeora”, expresó el joven ruso, quien sufre la enfermedad genética llamada Werdnig-Hoffman, que impide el crecimiento de sus músculo.

La operación, que cuenta con múltiples riesgos, será realizada en China, puesto que permite mayores facilidades y un menor coste, en total 15 millones de dólares frente a los 100 que habría que pagar en Europa o Estados Unidos. La intervención será directamente capitaneada por el neurocientífico italiano Sergio Canavero, además el doctor chino Xiaoping Ren se unió al procedimiento como su asistente junto a otros 80 cirujanos procedentes de Rusia, China y Corea del Sur que formarán parte del intento de trasplante.

El método que utilizará el doctor Canavero y su equipo es controvertido, además de que, para muchos, es incierto. Primero enfriarán el cuerpo del paciente a -15 grados Celsius. Luego cortarán ambas cabezas de sus cuerpos y sus médulas espinales, tanto la de Spiridinov como la del donante con muerte cerebral. Se utilizará el adhesivo polietilenglicol para conectar la cabeza del ruso con la médula espinal del cuerpo del donante.

Spiridonov sabe que va a tener que ser inducido a un coma durante un período de dos a tres semanas, mientras que los nervios de la médula espinal son estimulados con electricidad para que funcionen de nuevo. Además, el nuevo cuerpo ha de llegar por parte de una persona que haya fallecido por muerte cerebral y durante la operación, que durará en total 36 horas, se debe de garantizar el suministro de sangre alrededor del cuerpo del donante y la cabeza del receptor.

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La comunidad científica y la ética

Gran parte de la comunidad científica se muestra reacia a este tipo de intervenciones. Al parecer, a la hora de volver a conectar la espina dorsal y el resto de conexiones nerviosas, pueden surgir múltiples problemas. Muestra de ello han sido los experimentos que algunos científicos han realizado con animales, en los que se han vislumbrado severas dificultades y en muchos casos no se ha podido salvar la vida del paciente. Un ejemplo de estas intervenciones se dio en 1970, cuando el científico Robert White implantó la cabeza de un mono en el cuerpo de otro, aunque este sólo sobrevivió una semana porque el nuevo cuerpo terminó rechazando la cabeza.

El doctor Arthur Kaplan, director de Ética Médica del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, escribió: “Éticamente, el gran obstáculo es lo que sucederá si se pega una vieja cabeza en un nuevo cuerpo. El cerebro no está contenido en un cubo: se integra con la química del cuerpo y su sistema nervioso. ¿Un cerebro comprendería nuevas señales, percepciones, información de un cuerpo diferente del que estaba familiarizado? Creo que el resultado más probable es la locura o discapacidad mental severa“.

En una de sus tantas defensas frente a los cuestionamientos, Canavero, que según él lleva 30 años de estudio para realizar el trasplante, señaló: “Rusia envió a Yuri Gagarin al espacio, aunque había una alta probabilidad de que muriera. Estados Unidos envió a Neil Armstrong a la Luna, aunque podía no volver a la Tierra. La probabilidad de sobrevivir tras mi cirugía es mucho mayor de la que había en estos casos”. A su vez, remarcó que si diera resultados, podría ser la clave para tratar múltiples enfermedades en el futuro.

En Italia, país de origen del cirujano Canavero, algunos medios se han dedicado a apodarle como “doctor Frankenstein”, puesto que ven en esta intervención una especie de “jugar a ser Dios” que, a su juicio, puede contradecir las normas éticas básicas. Algunos, incluso, llegan a opinar que se trata de un sádico o un loco que ha elaborado una estafa muy bien preparada y han llegado a calificar su intervención como “eutanasia cara” o, incluso, simple “asesinato”.

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Sin embargo, Canavero quien también es director del Grupo de Neuromodulación Avanzada de Turín, no encuentra el dilema ético en este tipo de intervenciones, a pesar de que la operación cuenta con múltiples riesgos y posibilidades de no terminar con el éxito esperado. “Si uno tiene una enfermedad degenerativa, no hay un problema ético. Con pacientes de este tipo, el trasplante se hace, y punto. No me interesa lo que piensen otros. No me importa lo que dicen los italianos”, ha asegurado en declaraciones a la prensa. Por todo ello, Canavero no comprende el dilema que se le plantea y se escuda en que su operación puede ayudar a salvar vidas o, al menos, a mejorar la salud de sus pacientes.

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