Proyectos sobre investigación ‘fenómeno OVNI’

Este artículo trata de los diferentes proyectos creados por el gobierno estadounidense desde finales de la década de los años 40’s, hasta el 17 de diciembre de 1969, fecha en que se dio por terminado el último, por lo menos oficialmente. La finalidad de estos estudios fue la investigación del fenómeno ovni, supuestamente para explicar de qué se trataba y así poder emitir una declaración satisfactoria para la opinión pública, aunque finalmente todo quedó en una verdadera cortina de humo…

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El proyecto Sign

El 30 de diciembre de 1947, el secretario de defensa James Forrestall encargó a la Fuerza Aérea organizar una comisión para estudiar los Ovnis. Esta investigación se llamó el Proyecto “Sign” (señal o signo), y tendría por finalidad hacer un seguimiento de los avistamientos, precisando sus características y extrayendo el común denominador en las experiencias de observación.

El 7 de enero de 1948, el capitán Thomas Mantell de 25 años de edad, y ya un experimentado piloto de guerra, iba como jefe de escuadrilla piloteando su avión, un caza F-51 Mustang con tres otros aviones acompañándolo en un vuelo de instrucción, cuando le informaron desde la base de Godman Field, en Kentucky y cerca de Fort Knox, que había un ovni sobrevolando la zona, al que debían interceptar. Eran las 1:45 p.m. y el cielo estaba nublado con cirros, pero con algunas zonas despejadas.

Desde hacía varias horas antes los pobladores de Madisonville, Owensboro e Irvington habían venido observando un extraño objeto, que parecía una bola brillante enorme de unos cien metros de diámetro. El ovni también había sido observado por la policía militar de Fort Knox y había aparecido en la pantalla de radar de la base, lo cual motivó a que el coronel Hix desde tierra ordenara su persecución.

Cuando los pilotos de la escuadrilla pudieron observar al aparato, éste era como una lágrima gigante metálica o un cucurucho de helado. Y jugaba al gato y al ratón con los aviones, acelerando su velocidad y luego deteniéndose para que lo alcanzaran. Al ir escaseando el combustible, Mantell ordenó a los demás pilotos que regresaran a la base, que él continuaría para lo cual pidió autorización. Eran las 3:15 p.m. cuando alcanzó los seis mil metros de altitud, y cuarenta y cinco minutos después, aparecieron los restos de su avión a 140 Km. de la base, en la localidad de Franklin, en la frontera con el estado de Tennessee. Estaban extrañamente fragmentados y esparcidos en un área muy grande, pero no se encontró al piloto ni ningún rastro de sangre en la cabina, (aunque después dijeron que se lo habían llevado precipitadamente). Según los testigos en tierra, vieron estallar el avión en el aire.

En el informe oficial de la Fuerza Aérea se decía que por no haber tenido máscara de oxígeno, el veterano piloto había sufrido de anoxemia (falta de oxígeno en la sangre), estrellándose luego al perder el control de su nave. Y para explicar el ovni se llegó a argumentar que el accidente se había debido a que por error el piloto estaba persiguiendo al planeta Venus, o se había estrellado con un Skyhook (globo sonda experimental). Ambas explicaciones no concuerdan con las observaciones de tierra ni con la experiencia de Mantell, ni con la velocidad de un caza Mustang para perseguir un globo sonda.

¿Fue atacado Mantell por extraterrestres? No, al parecer el avión de Mantell que se encontraba en maniobras era el único que iba artillado (armado), y habría recibido órdenes de obligar a descender al objeto, disparando si fuese necesario, lo cual habría hecho. Sus disparos, o el mismo avión, habrían tocado el campo de energía protector de la nave (un campo de fuerza), produciendo una onda expansiva que terminó por destruir el aeroplano.

El Proyecto Sign empezó oficialmente el 22 de Enero de 1948, sólo una semana después de que la Fuerza Aérea (USAF) se creara oficialmente como institución autónoma. Y la finalidad como decíamos era evaluar los avistamientos, que se estaban produciendo; y en el caso Mantell tenían todos los elementos para una investigación en profundidad.
El centro de investigaciones del proyecto Sign se estableció en la base Wright Patterson, donde se concentraba la División de Inteligencia del Comando Aéreo. Allí se reunía toda la información suministrada por las demás bases aéreas, se evaluaba y luego se distribuía a las agencias del gobierno interesadas. En ese entonces se contrató como consultor al Dr. Allen Hynek, profesor de astronomía de la Universidad de Ohio, conocido como el “Dr. Gas De Los Pantanos”, por cuanto siempre soltaba esa explicación a cualquier caso de observación de ovnis. Al principio era un escéptico total, pero con los años cambiaría radicalmente su posición.

Entre los casos que se estudiaron, estaba el caso del 24 de julio de 1948, cuando dos pilotos civiles, veteranos de la guerra: Clarence Chiles y John Whitted, que venían tripulando un DC-3 de transporte de la Eastern Airlines de Houston a Boston, observaron a las 2.45 a.m. en una noche de luna llena, un objeto rojizo que se acercaba hacia ellos a unos 1,000 km/h. de velocidad, en ruta de colisión, rozándolos. Tenía forma de cigarro, no tenía alas, era silencioso, de unos treinta metros de longitud y poseía en los laterales, lo que parecía ser una doble hilera de ventanas rectangulares iluminadas, que les recordaban la luz de magnesio. Por la parte posterior, el objeto expulsaba un chorro de llamas anaranjadas que se extendía como unos quince metros por detrás del fuselaje.

Estos casos llevaron a los miembros del proyecto Sign a lanzar la teoría de que no serían de ninguna manera aparatos rusos, sino posible tecnología extraterrestre, lo cual llevó al Jefe del estado Mayor, General Hoyt S. Vanderberg a considerarla ridícula. Recordemos que éste general era parte del Majestic-12, y debía desacreditar o negar a ultranza. En el informe final llamado “Estimate of the situation”, se reconocía que los ovnis no representaban un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.

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Edward Ruppelt

El proyecto Grudge

El Proyecto Grudge (Inquina), surgió el 11 de febrero de 1949, como la continuación del Proyecto Sign, pero esta vez se estudiaría en profundidad a los testigos. La mala intención (“Inquina”) estaba en tratar de desacreditar a los testigos, demostrando a como de lugar su incapacidad de interpretar su observación, partiendo de que los ovnis definitivamente no existen.

Uno de los oficiales de la fuerza aérea convocados por el ATIC (Air Technical Intelligence Command) para los estudios pertinentes, fue el capitán Eduard Ruppelt. Su trabajo de investigación contó con la colaboración del Dr. Allen Hynek (quien se reintegraba a las investigaciones); aunque ambos se tomaron en serio su trabajo éste no tuvo mayor eco, pues la suerte estaba echada. El proyecto era un “engaña muchachos”, una cortina de humo, pues había sido confeccionado independientemente de la verdad que pudieran arrojar las investigaciones, para desacreditar no para confirmar.

El proyecto duró seis meses, llegando a la conclusión que de los 434 casos estudiados, el 23 % de los mismos, desafiaba cualquier explicación coherente y razonable. Pero que las observaciones de estos supuestos ovnis podría deberse a alteraciones psicológicas por parte de los observadores, porque los platillos volantes no podían existir (o no debían existir para los intereses del gobierno). Se recomendaba reducir la investigación oficial, porque la sola existencia de los estudios alentaba la fantasía de la gente.

Las conclusiones forzadas e impuestas del proyecto fueron remitidas al general James Samford, director de inteligencia de la Fuerza Aérea, anunciándose el 27 de diciembre de 1949, la culminación del proyecto y la publicación de su último boletín de prensa, en el que se daba a entender la total ignorancia de la Fuerza Aérea frente a un fenómeno esquivo.

A fines de setiembre de 1951, el proyecto Grudge fue reactivado, pidiéndosele nuevamente al capitán Ruppelt que retomara su dirección; lo cual aprovechó el oficial para solicitar al Pentágono que dispusiera que todas las bases aéreas informaran sobre los avistamientos que ellos tuvieran, y que las embajadas de Estados Unidos en el mundo, también mantuvieran al tanto al proyecto de la actividad ovni que se registrara en otros países. Ruppelt contó nuevamente con el apoyo del profesor Hynek para el proyecto.

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El proyecto Twinkle

El ATIC (Air Technical Intelligence Command) siguió investigando a pesar de la farsa que supuso las conclusiones del proyecto Grudge, pero esta vez sobre la multitud de casos de observaciones de esferas luminosas, muchas de ellas de color verde, que se estuvieron manifestando por gran parte del territorio norteamericano, por lo que se les llamó “green fireballs” (bolas de fuego verde). Lo interesante es que fueron captadas en su mayoría por personal cualificado. Estos casos eran una actualización de los “foo-fighters” de la II Guerra Mundial.

El nuevo proyecto se llamó “Twinkle” (centelleo), recayendo la investigación en la persona del científico y astrónomo Dr. Lincoln La Paz del Institute of Meteorics de Nuevo México, conocido por ser un escéptico más con respecto a los ovnis. Se instalaron para el proyecto tres estaciones de seguimiento en Vaughn (Nuevo México), procurando establecer las rutas, dirección y procedencia de estas bolas luminosas. Pero el fenómeno era esquivo para la fuerza aérea, produciéndose las observaciones en todos lados menos donde estaban los investigadores; como si a propósito los estuviesen evitando. Por lo mismo, hubo que trasladar la investigación a la base aérea Holloman, donde sí se les llegó a captar, e incluso, se comprobó que algunas estallaban, sin encontrar posteriormente sus restos en tierra. La explicación podía ser que fuesen “rayos en bola”, una concentración de energía esférica que corría por el cielo (fácilmente confundible con una nave extraterrestre), y que luego explosionaba dejando en el ambiente el olor a ozono quemado. Pero esto podría explicar algunos casos, no todos.

Para 1951 las apariciones se habían intensificado tanto y con un comportamiento muchas veces inteligente, desconcertado tanto a los investigadores, que el propio profesor La Paz declaró que no podía ser un fenómeno natural, pero que sólo eran un enigma que algún día sería resuelto.

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El proyecto Libro Azul

El 25 de agosto de 1951 se iniciaron una serie de avistamientos que hoy son un hito en la investigación ovni, por la calidad profesional de los testigos, en su mayoría profesores universitarios. En esa fecha se observó sobre Alburquerque (Nuevo México), un gran objeto volador en forma de boomerang, lleno de luces. También sobre la localidad de Lubbock, cuatro profesores de la Universidad de Texas, observaron una formación de luces en ala delta haciendo evoluciones en el cielo.

El 31 de agosto, un estudiante de la Universidad Politécnica de Texas, llamado Carl Hart, llegó a fotografiar la misma formación de luces, siendo testigos muchísimas otras personas que ya se habían percatado que durante ese mes las observaciones se repetían en horarios regulares.

Las fotos muestran unos 20 objetos luminosos dispuestos en formación de una V. Y después del análisis respectivo se dijo que era un fenómeno inexplicable, aunque no faltó quien aseguraba que podían ser los pechos de las aves migratorias. ¿Y cómo hacían para iluminarse? A éste respecto el Dr. Menzel lanzó su propia teoría (por demás rebuscada) de que eran luces reflejadas desde tierra, por un fenómeno de inversión térmica y refracción.

El incremento de los avistamientos a nivel mundial y sobre los Estados Unidos, hicieron que en marzo de 1952, la Fuerza Aérea elevara el Proyecto Grudge a la condición de un organismo independiente denominado Proyecto Libro Azul (Blue Book), aunque siempre mantendría su control en él. El Staff del proyecto fue instalado en el local donde funcionaba también la “Foreign Technology Division” (División de Tecnología Foránea), en la base Wright Patterson, en Dayton Ohio. Allí se investigaban todos los adelantos, inventos, o aportes que otros países desarrollaban.

Ruppelt seguía al frente de la investigación ovni con su asesor científico el profesor Allan Hynek; viajando a cuanto lugar se señalaba como zona de avistamientos, para entrevistar a los testigos, recoger muestras y hacer toda clase de estudios. Esto obviamente multiplicó el trabajo.

Del 19 al 29 de julio de 1952, se sucedieron una serie de trascendentales avistamientos que fueron contemplados por innumerables testigos sobre una zona muy sensible del territorio norteamericano: ¡su propia capital! Empezando por el día 19 en que aparecieron a las 11.40 p.m. siete blancos en las pantalla de radar del aeropuerto de Washington D.C., que asemejaban aviones. Esto lo atestiguaron los 9 controladores aéreos que se encontraban en ese momento en la torre, entre ellos Harry Barnes. Los objetos se desplazaban a una velocidad de entre 160 y 210 km/h., con movimientos distintos a los de un aeroplano. Los objetos fueron detectados también en la base aérea Andrews, captando que uno de los objetos llegó a virar en ángulo de 90° sin bajar la velocidad, algo imposible para nuestra tecnología. Los objetos también fueron observados desde tierra por personal militar.

Esa noche fueron varios los pilotos civiles que observaron en el aire algunas de estas luces como S. Pierman de Capital Airlines y Edward Dermott de otra aerolínea. A pesar de que se enviaron dos aviones caza a interceptarlos, estos no dieron con los objetos, y tuvieron que regresarse a su base.

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El 26 de julio se repitieron las señales de radar en los aeropuertos y hasta en la base Andrews. Eran las 10.30 p.m. cuando las señales se multiplicaron escandalosamente al igual que las reiteradas informaciones de los pilotos de las aerolíneas comerciales, entonces saltaron las alarmas antiaéreas y hubo pánico sobre la capital de los Estados Unidos.

Los objetos no identificados habían empezado a aparecer en formación sobre los más importantes edificios públicos y monumentos de Washington, especialmente zonas prohibidas como la Casa Blanca y el Capitolio. Salieron en esos momentos los aviones interceptores, compuestos por formaciones de F-94, pero a pesar de que alcanzaron a ver los ovnis, no podían ni siquiera acercárseles, debido a su gran velocidad y maniobrabilidad.

El espectáculo de objetos luminosos terminó al cabo de unas horas, pero el escándalo vino a continuación cuando el general Samford en conferencia de prensa, declaró “que no sabían a qué se debía dicho fenómeno, pero que estaban seguros de que no constituía una amenaza para el país, y que no podían excluir la posibilidad de que fueran extraterrestres o extranjeros”.

El 11 de setiembre de 1952 el director adjunto del Departamento de Ingeniería Científica de la CIA, H. Marshall Chadwell dirigió un documento al director principal, diciendo entre otras cosas: “El Problema Ovni excede el nivel de las responsabilidades individuales del departamento y es de tal importancia que merece la competencia y la acción del Consejo de Seguridad Nacional”.

Durante el mismo mes de setiembre la CIA extrañamente recomendó a la Fuerza Aérea que se creara una comisión que se pronunciara oficialmente sobre el tema Ovni, debido a la gran preocupación nacional al respecto. Esta comisión integró a cinco científicos connotados, y fue dirigida por el físico H. P. Robertson (“Comisión Robertson”), siendo supervisada por la CIA.

La comisión tuvo a su disposición todo el material del Proyecto Libro Azul, y los integrantes del mismo, quienes informaron de sus resultados. La comisión en tan sólo tres días, actuó más como un jurado que como otra cosa, encontrándole la sinrazón a los casos mejor estudiados y que resultaban inexplicables. Las conclusiones finales de la comisión fueron:

  • No hay señales hostiles tras los ovnis.
  • No hay evidencia de que sean una potencia foránea terrestre o extraterrestre.
  • Se debe educar a la gente para que no confunda los fenómenos aéreos, aprendiéndolos a interpretar, y para que tampoco le dé una connotación mística a los ovnis.

Finalmente la ambigüedad de las conclusiones, la premura de los análisis y la falta de respeto a los estudios anteriores, demostraba la necesidad de tirarle tierra al tema, distrayendo a la opinión pública, con posturas contradictorias.

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En 1954 el Proyecto Libro Azul publicó el Informe Especial 14, con la colaboración del Batlle Memorial Institute, donde se hacía un estudio estadístico de más de 3,200 casos de avistamientos del año 47 al 52, con cantidad de casos explicados y otros sin explicación conocida.

De todas maneras, Ruppelt siguió al frente del Libro Azul, hasta que al parecer los miembros del Majestic-12 consideraron que éste oficial sabía demasiado, pues había tomado muy en serio su trabajo y había escudriñado y accedido a todos los archivos de los proyectos anteriores con excesiva fidelidad a la verdad. Por ello fue internado de emergencia (a la fuerza) en el hospital de Bethesda (el mismo donde dicen que se suicidó Forrestal), y según el acta de defunción, murió de una enfermedad fulminante, no permitiendo a sus parientes ver su cuerpo y enterrándolo presurosamente. Había otra víctima más en la política de ocultamiento de información.

El Dr. Hynek se abrió del proyecto al ver que los casos que no tenían explicación eran guardados u ocultados sin un estudio a fondo. Él ya estaba convencido por las evidencias, que la única explicación posible era que un buena parte de ellos, serían ingenios espaciales procedentes de civilizaciones avanzadas. ¡El escéptico se había convencido!

El Proyecto Libro Azul continuó con el Mayor Quintanilla al frente del personal y de las investigaciones, pero después del freno que supuso la Comisión Robertson, sólo se dedicaban a recopilar casos de avistamientos y archivarlos. Y cuando daban alguna interpretación sobre casos importantes, se cometían errores garrafales que llevaron a su progresivo descrédito. Como por ejemplo, el haber dicho que en ciertos casos el avistamiento de ovnis correspondía a constelaciones, que en ese momento no podían ser visibles en ese hemisferio.

En febrero de 1966 el Comité O´Brien consideró al Proyecto Libro Azul, poco serio y falto de rigor científico, exigiendo la formación de un nuevo organismo con el respaldo de una universidad, que verdaderamente dedicara su investigación al esclarecimiento del tema Ovni, y no a su encubrimiento. En abril de 1966, el comité se reunió para evaluar la participación hasta ese momento de la Fuerza Aérea, y el mayor Quintanilla que había sido requerido, después de responder varias preguntas, dio su punto de vista considerando que los ovnis como naves extraterrestres no existían, y no valía la pena seguir estudiando. Muy diferente fue la posición del Dr. Allan Hynek, también presente, quien argumentó como él había ido cambiando su escepticismo, y que el tema requería un análisis más profundo. Por lo mismo el sugería relevar a la Fuerza Aérea de la tarea de la investigación y dejarse definitivamente a los científicos, pero con libertad de acción. Esto produjo el enfrentamiento de Quintanilla y Hynek.

Para 1966 los informes sobre ovnis que tenía el Proyecto Libro Azul superaban los 12,000, durante 21 años, y de los cuales unos 659 eran considerados “inexplicables”.
Ese año la Fuerza Aérea fue obligada a buscar alguna universidad que estuviese dispuesta a investigar en profundidad el tema, dándole autorización para sumergirse en los archivos del Libro Azul. Varias universidades rechazaron la invitación, como la de Harvard, Carolina del Norte y la Berkeley, como también el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

La Fuerza Aérea aprovechó la oportunidad para señalar que el rechazo se debía a la poca importancia y seriedad del tema; pero tampoco dejó que el Dr. Hynek de la Universidad Northwestern o el Dr. Mac Donald, de la Universidad de Arizona se hicieran de la investigación, por considerarlos demasiado parcializados a favor del tema. Pero el rechazo de las instituciones universitarias no era realmente por desinterés, sino porque la exigencia detrás de bambalinas era que quien controlara y dirigiera la investigación fuera la CIA. La intención era que independientemente de los resultados se tenía que convencer a la gente que no había nada detrás, desalentando el interés en el tema.

Por ello la Fuerza Aérea eligió al Profesor Edward Condon, director del departamento de Física de la Universidad de Colorado y miembro del Institute for Laboratory Astrophycis, como presidente del comité que incluiría a doce científicos. Como los requisitos que se habían buscado eran que el científico fuera alguien de gran prestigio y renombre, y con comprensión y respaldo a las necesidades militares y gubernamentales (que incluyen hipocresía, cinismo y mentira), Condon las reunía todas. Poco tiempo antes había manifestado su incredulidad total para con el tema, y siendo miembro de la Academia Nacional de Ciencias, había estado en el proyecto “Manhattan”.

La comisión nunca investigó nada en el lugar donde ocurrieron los casos, y siempre manifestó burla y desprecio al asunto y a los demás investigadores, tocando más el tema como un fenómeno psicológico y sociológico. El informe Condon contó con la aprobación de la Academia Nacional de Ciencias, y se publicó el 31 de octubre de 1968, llamándose “Estudio Científico sobre los objetos voladores no identificados”, con 1465 páginas que incluían explicaciones, ilustraciones y fotos diversas. En el informe colaboraron también 36 otros investigadores aportando datos. Las conclusiones finales de la Comisión Condon fueron:

  • No hay nada en el tema de los ovnis que haya aportado algo significativo al conocimiento científico.
  • No se justifica continuar con un estudio más exhaustivo de los Ovnis.
  • La Fuerza Aérea ha manejado correctamente los informes de avistamientos ovnis y jamás ha ocultado sus hallazgos.
  • No se debe confundir la discreción en cuanto a los reportes y las investigaciones, buscando un estudio más completo, con secreto.
  • Por tanto: Los ovnis no representan un peligro para la seguridad de los Estados Unidos, y los ovnis no existen.

La lógica nos dice que si no existen no representan un peligro, pero no al revés. ¿Primero no representan peligro y recién luego no existen? ¿Habrá un error en estas conclusiones o es que esconden otro sentido?. Es curioso que el mismo día que se presentó el Informe Condon, fuera presentado un libro denuncia de uno de los científicos de la comisión que había sido reemplazado tiempo antes. En él, el Dr. David Saunders, profesor de Psicología acusaba al Dr. Condon de encubrimiento y de no haber reflejado en el informe el 30% de casos inexplicables estudiados por la comisión, colocando e imponiendo sólo sus propios prejuicios.

El Informe Condon supuso el acta de defunción del Proyecto Libro Azul, el mismo que fue desmantelado oficialmente el 17 de diciembre de 1969. Pero ¿cómo se podía decir que nunca se había ocultado la información, ni había habido jamás una política de secreto y encubrimiento, si hasta se habían aprobado dos leyes gubernamentales que hasta hoy siguen vigentes, que son la AF 200-2 y la JANAP-146, con las cuales se multa con USA $10,000.00 y 10 años de prisión a quien revele información comprobada sobre ovnis?

Uno de los científicos que más combatió al Informe Condon y la política de encubrimiento fue el Dr. James Mc Donald, quien al poco tiempo murió en circunstancias sospechosas. Dicen ¡que se suicidó! (aunque Ud. no lo crea).

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