La reprogramación de la sexualidad humana

El comienzo oficial de esta historia se sitúa en 1969, cuando la policía de Nueva York entra en un bar de homosexuales llamado Stonewall, y, según las crónicas, realiza una redada contra este colectivo, resultando contusionados algunos de sus clientes…

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En respuesta a este preciso hecho represivo es cómo, según las crónicas oficiales gays, se desencadena el movimiento de defensa de los derechos de los homosexuales que en apenas 40 años conseguirá lo nunca visto a lo largo de la Historia de la Humanidad: instaurar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La historia ha enterrado un dato fundamental para entender ese singular momento: el bar Stonewall era propiedad de la Mafia, concretamente, de la familia Genovese, y en él se mezclaban rateros, transexuales, traficantes y prostitutos: lo que en el argot de la época se conocía como el “lumpen”. Ese suceso represivo constituirá el pistoletazo de salida del “movimiento gay” en EE.UU., capitaneado en ese momento por famosos como los poetas Allen Ginsberg y William Burroughs, que se situarán, al lado del movimiento feminista y el de los derechos de los negros, como los “abanderados” en la nueva causa de la defensa de las “minorías”. Unos pocos años después, concretamente en 1977, el propio Allen Ginsberg fundaría la asociación Man Loves Boy” que defiende el derecho de un menor a explorar su propia sexualidad.

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Precursores del movimiento homosexual

Se denomina primer movimiento homosexual al movimiento de lucha por los derechos LGBT que se dio en las primeras tres décadas del siglo XX, principalmente en Alemania, pero también en otros países de Europa y en Estados Unidos.

El movimiento alemán se extendió por Europa Occidental y Estados Unidos, fundándose en 1928 la Liga mundial por la reforma sexual, una organización internacional que, entre otros objetivos, buscaba la aceptación de la homosexualidad. Sin embargo, todo este movimiento se vio imposibilitado desde mediados de la década de 1930 por el ascenso del fascismo y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, desapareciendo, pero dejando en Suiza una semilla que permitiría el nacimiento del movimiento homófilo tras la Guerra.

Heinrich Hössli (1784-1864), un sombrerero y ensayista suizo, que publicó el primer volumen de su obra Eros en 1836 y el segundo en 1838, se puede considerar como el primer activista homosexual de la historia. En el primer volumen compara el tratamiento que recibe el «amor griego», como denomina la homosexualidad, con el que se dio en siglos anteriores a los herejes y las brujas. Además, defiende que las características externas (como el amaneramiento) no revelan nada sobre las preferencias sexuales. El segundo volumen se divide en dos partes: una antología sobre el amor masculino, con obras griegas, romanas y persas principalmente, y una segunda, en la que trata de desmontar nueve prejuicios, incluyendo el de la pedofilia. La influencia de Hössli fue muy pequeña y sus textos apenas tuvieron difusión.

El primer gran activista gay fue Karl Heinrich Ulrichs (1825-1895), un abogado de Hannover, el primero en proponer una asociación de homosexuales. Ulrichs publicó entre 1864 y 1865, bajo el seudónimo Numa Numantius, cinco panfletos con el nombre colectivo de Forschungen über das Räthsel der mannmännlichen Liebe («Estudios sobre el enigma del amor del hombre por el hombre») en el que defiende la teoría del tercer sexo y el origen biológico de la homosexualidad. Los escritos de Ulrichs lo convierten en el primer teórico moderno de la homosexualidad y tuvieron una cierta importancia por despertar el interés de algunos sexólogos como Krafft-Ebing. En 1867 trató de defender la abolición del artículo 175 en un congreso de abogados en Múnich, pero no consiguió ni terminar de exponer el primer párrafo antes de ser abucheado, siendo así el primer homosexual en «salir del armario» públicamente.

De 1870 a 1940 se produjo un cambio en la percepción de la homosexualidad en Europa, un cambio que generaría el movimiento homosexual, al que pertenece el movimiento de liberación LGBT contemporáneo.

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Los homosexuales en la Alemania nazi

Desde que Hitler y su imperio ‘nazi’ se apoderó de la Alemania Antigua, en 1933, millones de personas murieron después del infame genocidio perpetrado por discriminación. Dentro de esa cantidad millonaria, más de 100 mil hombres fueron perseguidos, golpeados, humillados, violados y asesinados por su preferencia homosexual.

Los homosexuales eran considerados hombres débiles y con conductas femeninas que eran incapaces de luchar por la soberanía de Alemania. En general, la homosexualidad era una “enfermedad” y un ‘vicio’, siendo así un peligro para la raza. En su gran mayoría, los nazis estaban dispuestos a negociar las condenas a cambio de que los homosexuales olvidaran sus tendencias e hicieran una vida “normal”.

Desde 1933, las leyes se fueron haciendo más poderosas para acabar, definitivamente, con la homosexualidad: cerraron bares, centros nocturnos, clubes, puntos de reunión —llevándolos así, a la total clandestinidad—. Se impidió publicar ediciones impresas que hablaban o incitaban a la sexualidad; el caso más conocido fue el de la revista ‘La Amistad’ (‘Die Freundschaft’). Tal fue el hecho de erradicar todo indicio de la homosexualidad, que corrompieron la biblioteca del ‘Instituto para la Ciencia Sexual’ en Berlín, el 6 de mayo de 1935; pues consideraban que la literatura que se albergaba en éste sitio era ‘degenerada’. Perpetraron para cauterizar más de 12 mil libros y 35 mil imágenes que jamás tuvieron una copia de seguridad.

“Activistas indecentes criminales entre hombres” fue la categoría en la que englobaron a los hombres que tenían que ver sexual o amorosamente con otros hombres. Los actos de discriminación, humillación y clandestinidad para los homosexuales fueron en aumento, conforme pasaban los años. Se creó, dentro de la policía de seguridad, la primer ‘Oficina Central del Reich para Combatir el Aborto y la Homosexualidad’ (‘Richszentrale zur Bekämpfung der Homosexualität und der Abtreibung’) comandada por Josef Meisinger, el 26 de octubre de 1936. La mayor persecución de homosexuales se dio de 1937 a 1939.

La homosexualidad, para los nazis, era una enfermedad contagiosa; pero que se podía curar. En tanto, estructuraron estrategias para “curtirlos” a través de humillaciones y jornadas de trabajo sobre humanas. Los nazis, en su afán de reivindicar la raza aria de los homosexuales, ampliaron una gama de experimentos para encontrar el antídoto a, lo que ellos llamaban, la “enfermedad”. La mutilación de los órganos genitales masculinos causó enfermedad y hasta la muerte de las víctimas, sin hallar conocimientos científicos que avalaran tal teoría.

Como si fueran reces o animales eran marcados para su filiación. Los prisioneros eran marcados, para su fácil identificación, con un triángulo rosa, cuya significación era ‘homosexualidad’. Al traer éste sello, eran tratados muy perversamente en los campos de concentración. Según datos arrojados por diversos medios fueron un grupo muy violentado —en todos los sentidos—.

Éste símbolo fue muy recordado en generaciones posteriores. Incluso fue propuesto para que fungiera como el emblema de la homosexualidad en el mundo —antes de que se escogiera la bandera del arcoíris—; sin embargo, fue rechazado por considerarse un símbolo creado por asesinos.

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La homosexualidad de los antiguos

La palabra griega para definir el amor era paiderastia (de donde deriva pederastia), que se forma a partir de pais, muchacho, y eran, amor, que implicaba afecto emocional y sexual hacia un pais.

El hombre griego no sólo debía casarse, sino también debía tener relaciones afectivas y sexuales con muchachos interesantes, no como sustitución del matrimonio sino como su complemento necesario. Así, su camino a través del jardín del amor debía empezar en algún momento de su adolescencia, cuando era cortejado por varios hombres y escogía a uno como su amante. El siguiente punto del camino era el principio de la edad adulta cuando él, a su vez, cortejaba y se alzaba con el amor de un joven deseable, momento en que el itinerario le llevaba a tomar esposa y tener su propia descendencia. Esta variedad en la vida fue reflejada en el “profundo pozo del tiempo”, los antiguos mitos sagrados sobre los que se basan los arquetipos de la vida humana y el autoconocimiento.

Todos los griegos conocían la historia de Zeus, que bajó en forma de águila para llevarse a Ganímedes, el muchacho más bonito del mundo, para que fuese su amante en el Monte Olimpo; o la de Apolo y Jacinto, amor de trágico destino, como muchas otras relaciones apasionadas entre dioses o héroes y hermosos jóvenes. No era para los griegos un amor del que no pudiera hablarse sino, al contrario, uno del que se hacía ostentación. Era una de las tradiciones fundamentales de la vida griega, que se practicaba y disfrutaba al máximo. De hecho, era una necesidad social de cuya exploración no prescindían ni poetas ni filósofos. Era un asunto del que se debatía en público como parte integrante de las reflexiones de las mentes más elevadas.

Tenemos muy bien documentadas las relaciones entre Alejandro Magno y el novio de su juventud, Hefestión, o la de Aquiles y su mejor amigo y también amante, Patroclo. No obstante, la relación que definía a Grecia, aceptada o incluso considerada un deber social por el Estado, era el amor intergeneracional. En su forma ideal, se trataba de una relación entre un hombre (llamado erastes, el amante, en Atenas, o el inspirador en Esparta) y un muchacho adolescente (llamado eromenos, el amado, o el oyente, respectivamente).

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Las dimensiones de la sexualidad

El informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre sexualidad fechado en Guatemala en 2001 la define como el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos, religiosos y espirituales. Aunque puede abarcar todos estos aspectos, no es necesario que se experimenten ni se expresen simultáneamente, pero tal diversidad de condicionantes confiere a la sexualidad de cada persona un marcado carácter personal y específico que se manifiesta en lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos.

En los últimos años, algunos expertos señalan una nueva dimensión en la sexualidad, la medioambiental, movidos por la certeza de que los factores medioambientales influyen de manera clara en ella. Estos cambios provocan modificaciones diferenciales en la sexualidad de los seres vivos, y la interdependencia entre éstos y el ambiente es la base de la evolución y de la biodiversidad.

Viendo el debate que hay actualmente en muchos países sobre el matrimonio gay, habría que hacerse una pregunta primordial, ¿que hubiera pasado si no se le hubieran violado los derechos a los personajes mas importantes en la historia por ser homosexuales o bisexuales? . Muchos personajes escondieron o esconden su condición para sobrevivir en el campo en el que ejercen, otros pagaron las consecuencias por ser lo que realmente son. Lo que si es seguro es que la historia de la humanidad estaría amputada de algunos de nuestros mas grandes genios en todos los campos si muchos no hubieran escondido el hecho de ser homosexuales.

Referencias 📚 ‘La Conspiración Gay’ – Wikipèdia- ‘Historia de la homosexualidad’

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