‘Tarzanes’ por exigencia del guión

La obra de Edgar Rice Burroughs es propia de su tiempo, con una visión colonialista de África, su fauna e incluso su gente. Se ve como un hombre blanco, no sólo se adapta perfectamente a un hábitat que no es el suyo, sino que llega a dominarlo por completo y ser su rey de forma “natural”, pese a la ventaja de la raza negra en algunas actividades físicas. La idea de los blancos como seres destinados a reinar sobre los demás estaba plenamente vigente antes, durante y después del siglo XIX..

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El rey de los monos

Estos días se estrena en España, la última película de la factoría Disney, que devuelve a la actualidad el mito de Tarzán, el más famoso de los hombres mono. Creado por el norteamericano Edgar Rice Burroughs, no se sabe dónde se inspiró para escribir la vida del hijo de lord Greystoke. Su historia comienza con un viaje del noble inglés al continente africano. Lord Greystoke es enviado por el gobierno de Inglaterra a África, para terminar con el tráfico de esclavos llevado a cabo por árabes. Greystoke es acompañado por su esposa Alice. Sin embargo, el barco donde viajan es víctima de un motín. La pareja logra escapar con vida del incidente, pero quedan indefensos en la costa del continente africano. Con el pasar del tiempo, Alice tiene un hijo, pero muere junto a su esposo meses después. El bebé es adoptado por dos simios, Kala y Kerchak, que había sufrido la muerte de su propio hijo.

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Selva mejor que guerra

La historia del joven John Ssabunnya despertó el escepticismo de profanos y expertos. Comprobada su verosimilitud, el caso hizo revisar muchos de los principios básicos de la etología y la psicología modernas. Este adolescente fue encontrado en la selva africana, tras pasar diez años con un grupo de monos que le acogió como un miembro más de su familia. El documental que emitió la BBC sobre su caso conmovió a la sociedad británica.

El poblado de Kabonge es uno de tantos azotados por la guerra ugandesa. Sus humildes chozas se levantan en el suelo rojizo a menos de 30 kilómetros de la capital, Kampala. A finales de los años 80, sus apenas 200 vecinos sufrían el acoso de un conflicto civil que aún mantiene encendidos muchos rescoldos. Se desconocen datos explícitos sobre su familia, pero se cree que, el padre de carácter violento y agresivo había participado en el conflicto armado de los rebeldes. Cuando John tenía aproximadamente 3 años, su padre asesinó a su madre brutalmente, y según una versión mayoritaria el niño huyó a la selva, asustado y temiendo por su vida, permaneciendo escondido durante diez años. Hay otra versión que dice que su padre lo abandonó porque no quería hacerse cargo de él.

Y así hubiera seguido de no ser por una vecina de Kabonge. Como todos los días Mammy Sebba salió con sus comadres a buscar leña a la jungla. No se habían separado en exceso de sus casas, cuando en un claro descubrieron a una banda de cercopitecos de cara negra, unos primates de hábitos terrestres de tamaño mediano. Al intentar ahuyentarlos con un palo, vieron que aquellos monos protegían a uno de ellos, en apariencia diferente de los demás. Al acercarse, descubrió con sorpresa que se trataba de un niño. Un grupo de diversos científicos examinó al niño y determinaron que ciertamente se trataba de un caso real de “niño salvaje”. Los informes iniciales aseguran que el cuerpo de John Ssebunya estaba lleno de llagas, costras y heridas, y además tenía un cierto grado de hipertricosis, que posteriormente desapareció. Además a John también le faltaba un dedo del pie y no podía comunicarse de forma efectiva con los humanos.

Johnny hizo lo mismo que antes había visto hacer a sus vecinos, cuando escapaban del conflicto entre la guerrilla y el Ejército ugandeses. Si peligraba su integridad, la selva era el único refugio seguro. Clanes y pueblos enteros se escondieron huyendo de una muerte tan horrible como segura. Pasado el peligro, retornaban a su hogar. Pero Johny no lo hizo. Es trabajo de psicólogos y antropólogos desvelar cuáles fueron los mecanismos que le impidieron volver, abrazándose a unos cercopitecos de cara negra.

En opinión de los expertos, a pesar de su tamaño, que no sobrepasa los 80 centímetros de longitud y los cinco kilos de peso, estos monos son de los pocos capaces de realizar una adopción de este tipo. Algunos estudiosos consideran que estos monos llevan una existencia muy similar a la que tuvieron los homínidos que antecedieron al hombre, cuando comenzaron a poblar las abiertas sabanas de África Oriental.

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Bailando con lobos

A Marcos Rodríguez Pantoja lo vendió su padre, Melchor, como quien vende un perro cuando se convierte en un estorbo. Marcos tenía siete años y lo vendió a un pastor de Sierra Morena. Corría el año 1953 y era algo habitual que familias sin posibilidades colocaran a los hijos allá donde les dieran algo de comer y les enseñaran un oficio. Marchó Marcos rumbo a la sierra con Damián, el pastor. Aprendió a cuidar las 300 cabras, a cazar, a buscar comida, a hacer fuego y a estar solo. Un día Damián salió a cazar un conejo para nunca más regresar. Se quedó solo.

Y Marcos se tuvo que inventar una familia. Con el tiempo, se hizo a todo. Ese todo: los lobos, los zorros, las culebras, las águilas, las ratas. La ropa se le fue rompiendo. Se hizo una zamarra con la piel de los venados. Y también con el tiempo se hizo un lugar entre lobos. Así vivió Marcos días y meses y años. El pelo largo, por la cintura, impregnado del olor de sus amigos los lobos. Se movía como ellos, vivía como ellos, aullaba como ellos. Cazaba, hacía fuego y descubría sus instintos básicos en soledad.

Lo sacó la Guardia Civil del monte cuando Marcos contaba ya 19 años. Un guarda de una finca próxima lo delató y lo prendieron. Lo mandaron para Madrid con unas monjas que le enseñaron a ponerse erguido. Cuarenta años después, en esta finca de Cardeña, en Sierra Morena, Marcos vuelve a estar rodeado de lobos. Se suben sobre él, lo huelen, lo buscan. Él se tira al suelo, los besa, se siente uno más. Su historia fue llevada al cine el año 2010 ‘Entrelobos’.

Los casos de niños recogidos por los lobos son los más abundantes entre todos los animales. Las leyendas de la antigüedad clásica recogen varios casos, como el de Mileto o el de los gemelos Parrasio y Licasto, hijos de Zeus aunque los más conocidos son Rómulo y Remo, fundadores de Roma.

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El jefe de la manada

Existen docenas de fábulas sobre la amistad, la fidelidad y la gratitud que puede establecerse entre los animales y el hombre. Ninguna de ellas conmueve tanto como la historia real del pequeño Iván Mishukov. A inicios de la década de 1990 Rusia sufrió un profundo cambio político que tuvo consecuencias en toda la sociedad: muchas personas enfrentaron el desempleo y padecieron problemas económicos. Varias familias se desintegraron y cientos de niños quedaron abandonados a su suerte, sin ningún pariente que los ayudara.

Uno de ellos fue Iván Mishukov que, a sus cuatro años de edad, estaba completamente solo en el mundo, sin el apoyo de algún adulto o institución. Por 1996 andaba vagando solo por las calles de Moscú donde pedía monedas para ganarse la vida. En esas mismas calles había cientos de perros abandonados por sus dueños que formaban pequeñas manadas salvajes, pues sobrevivir en grupo les era más fácil.

Iván, con sus grandes ojos expresivos y su largo cabello rubio se ganó la simpatía de los cocineros de un restaurante que le regalaban las sobras de la comida. El pequeño las compartía con algunos de los perros callejeros. Éstos lo seguían por todos lados y cada vez eran más. Poco a poco le tomaron confianza y, en poco tiempo, Iván se convirtió en el jefe de la manada. Los perros lo respetaban y aceptaban sus instrucciones, pues lo consideraban su líder. La relación funcionaba en forma admirable. Él conseguía comida para los canes. Éstos, a cambio, le daban su calor en las heladas noches invernales de Moscú.

Esta situación se prolongó por dos años, sorprendía a quienes la veían a diario y el pequeño fue apodado “el Príncipe de la manada”. La Policía estaba consciente de lo que pasaba y se propuso llevar al pequeño a un orfanato. Sin embargo en tres ocasiones que intentaron atraparlo el plan falló, pues los perros impedían que siquiera lo tocaran. El esfuerzo de los oficiales duró dos meses, hasta que planearon una trampa para distraer a los perros y apoderarse del joven Príncipe. Iván Mishukov fue llevado a un centro de atención infantil, donde recibió alojamiento, servicios de salud y alimentación.

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La vida perra

El 16 de junio del 2001 fue rescatado del mar mientras intentaba escaparse de la policía. No era la primera vez que se escapaba. Su madre lo tuvo a la edad de 16 años. Sus padres lo maltrataban y terminaron por abandonarlo a la edad de cinco años. Fue internado en un centro de atención a menores en Chillancito, cerca de Concepción, en donde permaneció hasta los ocho años. Pero en el orfanato tampoco era bien tratado.

En 1998 Alex escapó y vivió con una jauría de 15 perros callejeros en una cueva en las cercanías del puerto de Talcahuano, Chile.

La gente local lo conocía como “el niño perro” y gruñía a cualquier ser humano que intentaba acercarse. Lo describieron como extremadamente violento, subalimentado, hiperactivo e inarticulado. Se había roto los dientes delanteros y tenía una mejilla marcada con una cicatriz. Se alimentaba de lo que encontraba en los botes de basura y de la leche de una perra que había dado a luz recientemente.

Aquella tarde del 16 de junio la policía fue a atraparlo.  El pequeño presentaba severos problemas físicos y mentales se asustó al ver a los uniformados y corrió hasta la zona costera donde se arrojó a las gélidas aguas del Océano Pacífico. Los doctores le diagnosticaron un retraso mental que sólo le permite balbucear algunas palabras. Además de la conducta antisocial dada por su convivencia con los perros, el menor presentaba un estado de desnutrición y deformaciones dentales debido al hábito de mamar.

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A pesar de su originalidad, la obra de Burroughs tiene un claro antecedente. Siglo y medio atrás Rousseau trazó su preciso perfil en el Emilio. La educación natural propugnada por el filósofo la cumplió con creces Tarzán, quien crece libre de otra influencia cultural que no sea el aprendizaje de la vida silvestre. Con ello se convierte en el ejemplo por excelencia del hombre auténtico. Dotado de atributos ciertamente racistas, incluso maniqueos o colonialistas, Tarzán nos remite a la improbable figura del ser humano capaz de forjarse a sí mismo. Podría decirse que se encuentra aturdido al volver al mundo civilizado.

Lo cierto es que estamos ante el pasajero de un peligroso viaje que le ha llevado a escapar del ámbito de su especie original, para situarse a mitad del camino que va desde el lado más oscuro de la civilización hasta la salvaje libertad de lo primigenio.

 

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