Informe Chilcot y el papel que jugó José María Aznar en la guerra de Irak

El expresidente de España José María Aznar y el exprimer ministro británico Tony Blair se reunieron el 27 y el 28 de febrero de 2003 para discutir la invasión de Irak. En aquel encuentro, ambos acordaron una estrategia de comunicación para dar la impresión de que “estaban haciendo todo lo posible para evitar la guerra“. Sabían que la decisión definitiva ya se había tomado en Washington, pero intentaron así adelantarse a las críticas en sus respectivos países

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Por Pablo Gabilondo

Tras siete años de pesquisas, la comisión de investigación de la guerra de Irak presidida por Sir John Chilcot ha presentado su informe definitivo. “Está claro ahora que la política sobre Irak se hizo sobre la base de un inteligencia defectuosa“, explicó Chilcot al presentar su documento. En el informe publicado el pasado miércoles, se menciona 24 veces a Aznar.

Aznar y Blair decidieron elaborar una estrategia de comunicación conjunta al  fracasar los intentos para que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobase una resolución a favor de la intervención en Irak. Washington estaba decidido a intervenir y tanto el político español como el británico, a seguirle. De hecho, el informe recalca cómo Blair llegó a garantizarle a Bush: “Hagas lo que hagas, estaré contigo”.

En el caso de España, el compromiso era todavía mayor, ya que Aznar estaba dispuesto a seguir los pasos de los estadounidenses incluso si Reino Unido no les apoyaba. “Supongo que los españoles habrían seguido. No sé, pero Aznar estaba absolutamente convencido y estaba claramente muy, muy, muy a favor de continuar con ello”, respondió a los responsables del informe el asesor de política exterior de Blair, David Manning, cuando le preguntaron acerca de qué pasaría con los otros miembros de la alianza si Reino Unido no hubiera seguido adelante.

El informe sostiene que mientras que el exprimer ministro británico insistió en la necesidad de sacar adelante una segunda resolución en la que Naciones Unidas aprobase la intervención en Irak, Aznar se mostró reticente a una segunda votación del Consejo de Seguridad si no tenían el éxito garantizado. De hecho, el embajador británico en Washington entre 1997 y 2003, Christopher Meyer, sostuvo ante la comisión Chilcot que Aznar presionó a Estados Unidos para que la invasión se realizase en el plazo previsto inicialmente.

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“España no estuvo en la guerra”

José María Aznar no se ha pronunciado todavía tras publicarse ayer el informe, pero el que fuera ministro de Defensa en aquella época y actual embajador en Reino Unido, Federico Trillo, ha asegurado en una entrevista concedida a Onda Cero que “España no estuvo en guerra. No envió combatientes a Irak. Deliberadamente y parlamentariamente, decidió lo contrario. Enviamos un paquete de ayuda humanitaria”.

“Ni ocultamos ni manipulamos información sobre las armas de destrucción masiva en Irak”, ha dicho. “Es verdad que se produjo el apoyo político, pero no estuvimos en esa guerra como combatientes ni hicimos nada de espaldas al Parlamento”, ha explicado. También ha negado que existiera una estrategia de comunicación que buscase dar la impresión de estar haciendo todo lo posible para evitar la guerra cuando realmente ya se había decidido intervenir.

Los políticos españoles evitan responsabilidades

En España no hay tradición de comisiones independientes como la dirigida por John Chilcot, cuya pretensión es analizar por qué el sistema no hizo lo mejor, y no buscar culpables. La independencia ayuda a que la investigación sea vista no como la venganza contra un político o partido, sino como una aspiración de mejorar el sistema. Para entender la diferencia entre Reino Unido y España en un caso así, la comisión fue lanzada por Gordon Brown, escudero primero y sucesor de Blair luego. Es como si Rajoy hubiera nombrado una comisión similar.

Las vías de investigación común en España son otras dos: los tribunales —con posibles consecuencias penales— y las comisiones parlamentarias —cuya dependencia de los partidos las hacen poco fiables. “Las comisiones parlamentarias con gobiernos en mayoría no tienen efectos, pero con minoría sí pueden tenerla. Aunque la experiencia en España es bastante mala”, dice el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona Francesc de Carreras.

Si en España una institución tuviera sinceramente la voluntad de crear una comisión independiente, tendría sobre todo un problema: la politización.  “La diferencia entre un funcionario británico y uno español es que el británico mira hacia arriba y ve una escalera muy alta de posiciones en las que se puede ser neutral; en cambio, en España en seguida te das cuenta de que para ascender debes ser leal a un partido político“. La mayor ventaja de un sistema así es el margen y la sensación de independencia. En el caso Chilcot, no todos los miembros eran altos funcionarios: había solo dos. El resto eran un catedrático, un historiador y un diplomático. Nadie les suponía preferencias políticas.

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Las once referencias que señalan a Jose Maria Aznar

El largo ‘informe Chilcot’, elaborado tras siete años de investigación y más de 150 testigos, evidencia el engaño de la Coalición de la Cumbre de las Azores, liderada por EEUU, Reino Unido, España y Portugal. El resultado de la reunión fue un ultimátum al régimen de Saddam Hussein para el desarme de su país . Estas 11 referencias esclarecen la participación de Aznar en una guerra muy polémica ante la falta de causas demostrables, como las supuestas armas de destrucción masiva que guardaba Irak.

1. Mostrar un falso rechazo a la guerra. Aznar y Blair se unieron para poner en marcha una estrategia de comunicación para mostrar a la ciudadanía que “habían hecho todo lo posible para evitar la guerra”. Como tenían “la impresión de que EEUU estaba determinado a ir a la guerra”, los dos políticos acordaron una estrategia de comunicación para generar una buena opinión en los ciudadanos de sus respectivos países.

2. Aznar se compromete a legitimar la invasión. El informe cita al ex presidente a raíz de una carta de enero de 2003, en la que los dirigentes de ocho países, entre ellos España, apelan a la adopción de una nueva resolución que legitime la guerra. Los otros presidentes de estos países fueron Jose Manuel Durao Barroso (Portugal), Silvio Berlusconi (Italia), Tony Blair (Reino Unido), Vaclav Havel /República Checa), Peter Mdgyessy (Hungría), Leszek Miller (Polonia), Anders Fogh Rasmussen (Dinamarca).

3. Desaparecen las alusiones al petróleo. El informe denuncia que fueron eliminadas todas las referencias del petróleo en la declaración del trío de las Azores, que ofrecía una visión edulcorada de los planes en Iraq. Entre borrador que redactó Reino y la versión final firmada por Bush, Blair y Aznar, se omite cualquier alusión al petróleo. “También proponemos que el secretario general de ONU esté autorizado, de manera provisional, a asegurar las necesidades humanitarias de los ciudadanos de Irak y deben cumplirse a través del programa ‘Petróleo para alimentos'”, se dice en uno de los fragmentos eliminados. “Trabajaremos para prevenir y reparar el daño causado por el régimen de Saddam Hussein a los recursos naturales de Iraq y prometemos protegerlo como valor nacional de la gente de Iraq. Todos los iraquíes deberían compartir la riqueza generada por su economía nacional…”, reza otra de las piezas omitidas.

4. Blair convence al ex presidente para que intente la aprobación de la ONU. El estudio refleja cómo Aznar trató de que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara la invasión, pero con cierto reparo. Las Naciones Unidas ya habían votado en contra de la guerra ya que Reino Unido, España y el propio EEUU no contaban con los apoyos suficientes. Mientras que Blair se mostraba decidido a conseguir una segunda resolución de la ONU, Aznar se mostraba más cauto y le dijo al ministro inglés que “no ayudaría en nada poner la resolución a votación sin una garantía de éxito”. Blair le respondió que combinase la petición a la ONU “con las pruebas de Saddam Hussein”. Aznar le enumeró una serie de preocupaciones sobre los riesgos de la estrategia, pero al final estuvo de acuerdo en intentarlo.

5. Bush ignora los consejos de Aznar. Las reticencias de Aznar también quedan patentes en otro fragmento del documento en el que se afirma que había informado al presidente Bush de que la ONU podría no aprobar una acción militar. El presidente norteamericano rechazó la advertencia, según relata Kurt Volker, director del Consejo Nacional de Seguridad (NSC). “Él quería el voto [a favor de la guerra], y se lo había prometido a los ciudadanos americanos”, cuenta Volker.

6. Presiones políticas en España. El ex jefe de Comunicación de Tony Blair, John Campbell, relató la obstinación del político español. Según su testimonio, Aznar insistió mucho en la “importancia de una alianza transatlántica, pero se encontraba en una situación política más caldeada que nosotros mismos”.

7. Las ganas de Aznar por ir a la guerra. El ex presidente español estaba dispuesto a seguir a la guerra a EEUU aunque Reino Unido no lo hiciera. “Creo que los españoles habrían seguido. No lo sé, pero Aznar estaba muy convencido y estaba muy, muy a favor de continuar con ello”, explica David Manning, asesor de Blair.

8. El pretexto de las armas de destrucción masiva. En una reunión el 30 de enero de 2003, Tony Blair le comunicó a Aznar que si los inspectores no encontraban ningún arma de destrucción masiva, lo mejor sería que “Blix estableciese un segundo y un tercer informe para el Consejo de Seguridad”, en el que se dijera que Irak no estaba colaborando plenamente. Hans Blix fue la persona encargada de dirigir la búsqueda de armas químicas en Irak. La comisión no logró encontrar evidencias en el país y Blix pidió continuar con la investigación, pero la invasión en 2003 puso fin al comité. En esta reunión, ambos presidentes hablaron sobre el impacto de un veto de las Naciones Unidas y, por lo tanto, la necesidad de evitarlo. El británico reconoció que la opinión pública se estaba moviendo en contra de una acción militar pero “sugirió que podría ser persuadida”.

9. La Coalición deja de buscar las armas. El documento refleja la visita de Aznar a Londres el 23 de abril y señala que hablaron de los planes para aportar información sobre las armas de destrucción masiva. Para entonces se había cumplido un mes de la invasión y, en opinión de Blair, la Coalición debía de dejar de considerar la búsqueda una prioridad, a pesar de que en ese momento todo el mundo se preguntaba por el paradero de las supuestas armas.

10. Aprovecharse de las Naciones Unidas. En la Cumbre de las Azores, Blair le comentó a Aznar y a Bush que era “necesario dar la impresión de que la administración iraquí se encontraba bajo la autoridad de las Naciones Unidas”, aunque en realidad no podía estar a cargo de nada.

11. Se deja de lado a la ONU. Finalmente, el 16 de marzo de 2003, Bush, Blair y Aznar se pusieron de acuerdo para dar por terminado el proceso con la ONU, “al menos que hubiera un cambio repentino en las próximas 24 horas”. A pesar de que no había ninguna prueba de que Irak guardase armas biológicas y químicas, el 20 de marzo comenzó la invasión del país.

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Referencias: EL confidencial, ElPaís, 20Minutos, 

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