Porton Down: así es la instalación militar más secreta de Reino Unido

Armaduras sintéticas, objetivos para ver a través de las paredes o la lucha contra bombas sucias se han convertido en la misión de una instalación que ya es centenaria..

La entrada a Porton Down, la instalación más desconocida de Reino Unido (FOTO: Sebastian Ballard)
La entrada a Porton Down (FOTO: Sebastian Ballard)

Por Rubén Rodriguez

Yamantau (Rusia), Pionen (Suecia), Yulin (China) o Nevada (EEUU) son algunos de los lugares del mundo que más ríos de tinta han hecho correr. En su interior, se encuentran algunas de las bases militares más secretas del mundo, que incluso en algunos casos no han sido reconocidas por los propios gobiernos que las protegen hasta hace escasos años. Existe mucho mito alrededor de todas ellas dado el silencio que convive con ellas, el mismo que se ha roto con Porton Down.

Situada en el noreste de Porton, cerca de la ciudad de Salisbury (Wiltshire, Inglaterra) se trata de una de las organizaciones más secretas de todo Reino Unido. Creada como plataforma de investigación de nuevas armas, acaba de cumplir 100 años desde su puesta en funcionamiento. Y, con motivo de ello, han decidido abrir sus puertas para demostrar a qué se dedican en la actualidad y cuál es la razón de que sigan realizando experimentos en su interior.

A punto de cumplir un siglo de vida, la ‘BBC’ ha tenido acceso a su interior, pudiendo incluso ser testigos de algunos de los experimentos que se realizan en la actualidad. Porton Down se ha convertido en una instalación puramente defensiva y, aunque buena parte de sus proyectos siguen siendo totalmente secretos, mostraron ante la prensa algunas de las innovaciones en las que están trabajando, muchas ellas cercanas a la ciencia ficción.

Imagen aérea de Porton Down
Imagen aérea de Porton Down

Además de experimentar con gas lacrimógeno en sus propias carnes, el doctor Michael Mosley pudo ser testigo de sus últimos descubrimientos. En Porton Down están trabajando en un dispositivo capaz de detectar pequeñas fluctuaciones de gravedad. Y, ¿para qué sirve? Pues, ni más ni menos, que para ser capaces de conseguir ver a través de paredes e incluso a través del suelo, un descubrimiento que podría tener una importante aplicación en el campo militar.

De igual manera, otro de los avances en los que se está trabajando tiene que ver con la protección de los soldados. La principal investigación que se está llevando a cabo tiene que ver con la aplicación de la ‘biología sintética‘ para diseñar una armadura de cuerpo. Se trataría de un material ligero y totalmente modeable a la piel, pero con capacidad para frenar las balas. Se trata de una especie de capa de cerámica muy resistente a los ataques armados.

Y, por supuesto, el miedo a los ataques biológicos forma parte de Porton Down. Por ello, uno de los puntos claves de sus trabajos tiene que ver con el estudio constante de este tipo de ataques y con el análisis de posibles defensas. Mosley asegura que acudió a un laboratorio categoría IV (el nivel de seguridad más alto) en el que se demostraba que el ébola -con una tasa de mortalidad superior al 90%- tiene potencial para convertirse en arma biológica.

Gas lacrimógeno o el VX, entre sus creaciones

Acababa de comenzar el año 1917 cuando los soldados británicos del bloque aliado iban a sufrir un ataque desconocido hasta la fecha: una bomba que, tras caer al suelo, no iba a estallar ni a provocar decenas de muertos por su deflagración, sino a liberar un extraño agente. Ese gas iba a provocar graves quemaduras químicas que iban a llevar a la muerte a varios militares. Esa sustancia era cloro, a la que muy pronto se le sumaron otras como el gas mostaza o el fosgeno. 

Porton Down iba a ser la respuesta británica para luchar contra este nuevo tipo de ataques: la guerra biológica acababa de nacer. Desde ese año, la instalación secreta de Reino Unido se dedicó a llevar a cabo programas para tratar de combatir estas nuevas tácticas desconocidas hasta el momento. Y no sólo eso, sino que sirvió para experimentar con diversos programas de armamento que, aunque en muchas ocasiones no llegaron a ponerse en práctica, sí lograron su desarrollo.

Tras acabar la contienda, Porton Down no cerró sus puertas y continuó con la experimentación armamentística. De hecho, es responsable de la invención del gas CS (cuyo nombre se debe a los apellidos de sus creadores, Ben Corson y Roger Stoughton), conocido comúnmente como gas lacrimógeno. Y no fueron sus únicos ‘descubrimientos’: la invención del letal VX y la sospecha de la experimentación con seres vivos son algunas de las lacras con las que cuenta.

Cien años después de su nacimiento, Porton Down continúa siendo una de las instalaciones más secretas del mundo. Centrada desde hace algunos años sólo en capacidades defensivas, sus proyectos olvidan el pasado y se encaminan a intentar ir por delante de las mentes de los terroristas para encontrar soluciones reales ante uno de los grandes miedos del siglo XXI: que la población de una gran ciudad pudiera ser atacada con un arma biológica.

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