Inmortalidad y resurrección son reales, según la física cuántica

La vida después de la muerte se puede conjeturar desde un punto de vista científico estrictamente, la teoría de los universos paralelos de la mecánica cuántica implica que un ser consciente podría vivir para siempre. Por tanto estamos hablando de que la inmortalidad y resurrección son reales…

inmortalidad

Si algo distingue a los seres humanos del resto de animales es que todos sabemos que, en algún momento, va a acabar nuestra vida; al menos tal como la hemos conocido hasta ahora. Es probable que las primeras manifestaciones culturales  tuvieran que ver precisamente con la constatación de esta realidad y los intentos por evitarla, que provocaron el despertar del fenómeno religioso.

El primer ritual funerario del que se tiene constancia, una cremación descubierta en el australiano lago Mungo, tiene una datación de entre el 24.700 y el 19.030 a.C, y, aunque es imposible saber que llevó a estos primitivos humanos a quemar y enterrar a una de sus compañeras, es probable que buscaran burlar a la muerte, tal como hicieron todas las sociedades desde entonces.

A día de hoy sólo el 13% de la población mundial declara no tener una afiliación religiosa. Sin duda, el éxito de las diferentes confesiones reside en que son las únicas instituciones que pueden prometer la inmortalidad. Pero ¿y si dejaran de serlo?

Como explica el conocido divulgador estadounidense Clifford A. Pickover en su libro ‘A Beginner’s Guide to Immortality: Extraordinary People, Alien Brains, and Quantum Resurrection’ (Basic Books) y su última publicación ‘Death and the Afterlife: A Chronological Journey, from Cremation to Quantum Resurrection’ (Sterling), se puede ser un convencido ateo y creer en la inmortalidad.

“¿Si Dios no creó los universos, hay alguna esperanza de una vida futura llena de felicidad?”, se pregunta el científico en su manual de inmortalidad para principiantes. “La buena noticia es que, al menos, podemos estar relativamente seguros de que todos nosotros vamos a resucitar”.

En busca de la resurrección cuántica

Pickover cree que, al menos en el plano teórico, la inmortalidad se puede conjeturar desde un punto de vista estrictamente científico, gracias a lo que se conoce como resurrección cuántica. “Muchos astrofísicos de hoy en día sugieren que nuestro universo continuará expandiéndose para siempre y las partículas estarán cada vez más dispersas”, explica en el libro. “Esto parece un triste y aburrido final, sin embargo, incluso en este universo vacío, la mecánica cuántica nos dice que los campos de energía residuales tendrán fluctuaciones aleatorias. Las partículas brotarán del vacío, como de la nada”.

Según la física Katherine Freese, directora del reconocido Instituto Nórdico de Física Teórica (Nordita), dado un tiempo infinito de tiempo, cualquiera de nosotros mismos puede reaparecer. “Las fluctuaciones aleatorias pueden conducir incluso a un nuevo Big Bang, pero habría que esperar mucho tiempo para que eso ocurra, cerca de 10 elevado a 1056 años”, explica Pickover.

¿Somos todos inmortales?

Aunque ha tomado diversas formas a lo largo de los años, la existencia de una suerte de “inmortalidad cuántica” es una idea recurrente de la física desde que el científico estadounidense Hugh Everett III propusiera en 1957 la popular teoría de los universos paralelos. Y la resurreción es sólo una de sus formas.

“Esta controvertida teoría mantiene que el universo se divide en cada instante en incontables mundos paralelos”, explica Pickover. “Más específicamente, la teoría sugiere que en cualquier momento que un universo se enfrenta a una elección de caminos a un nivel cuántico sigue en realidad todas las posibilidades, dividiéndose en múltiples universos. Según esta teoría, existe un inmenso número de de universos y, si es cierta, significa que hay todo tipo de extraños mundos.

En su libro Coincidencias Imposibles, el autor Josep Guijarro nos expone el caso de Gabriel Magee, un ejecutivo de la conocida empresa financiera J.P. Morgan, quien buscaba la inmortalidad y, para ello, tuvo la fatal ocurrencia de poner punto final a su existencia saltando del techo de la sede de Londres de la firma para la que trabajaba. Entre sus efectos la policía encontró un décimo de lotería.

Al parecer, no fue un acto ritual, sino un “suicidio cuántico”. La teoría explica que cada ejecución da lugar a dos nuevos universos. Por esa razón Magee se tiró al asfalto del Canary Wharf con un décimo de la lotería. Estaba convencido de que si ponía fin a su vida, aunque el número premiado no fuera el que él había comprado, estaría acabando con todos los universos en los que seguía siendo pobre como una rata. Y, al mismo tiempo, si es cierto que existía un universo en el que siempre sobrevivimos, éste debería garantizarle la riqueza.

Según este concepto, desarrollado en los años noventa por los investigadores Hans Moravec, Bruno Marchal y Max Tegmark, podemos acabar con nuestra existencia en un universo que no nos convence –como era éste en el que a Magee le había dejado la novia–, por cualquier otro en el que no nos habremos suicidado –ya que nuestra novia seguirá con nosotros–. ¿Tentador? Mejor no comprobarlo.

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