Una mano robótica con sentido del tacto

Hay ocasiones en las que la realidad supera la ficción. Los avances en la prestación de ‘retroalimentación sensorial’ de miembros artificiales lo ha demostrado. Y es que, los investigadores ya no se conforman con desarrollar prótesis robóticas que se acerquen a la destreza de la que está provista la mano humana para intentar solventar el devastador impacto funcional, psicológico, económico y social que tiene la pérdida o amputación de uno de los miembros superiores..

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Los científicos llevan tiempo explorando nuevos enfoques para el diseño de manos protésicas capaces de proporcionar ‘información sensorial’ y de permitir un uso más natural e intuitivo de la extremidad. Y es que, ‘la falta de sensación es la limitación clave para el restablecimiento de la plena funcionalidad de la extremidad’. Así lo aseguraron los cirujanos autores de la revisión que publicó en su edición del pasado mes de junio ‘Plastic and Reconstructive Surgery’, la revista médica oficial de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS).

La revisión se centra en las tecnologías recientes y emergentes para crear ‘interfaces sensoriales’ con los nervios periféricos para proporcionar sensación de prótesis. El cirujano Paul S. Cederna, de la Universidad de Michigan, asegura que ‘estos descubrimientos allanan el camino para el desarrollo de una prótesis con la capacidad de sentir’ que, además de ‘enormes beneficios psicológicos’ para los pacientes, disminuyen la ‘carga cognitiva’ de confiar únicamente en la visión para iniciar y controlar los movimientos.

La mano que siente

Una de las ciencias que más está aprovechando las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías es la medicina protésica y, en concreto, la ortopédica. Si hace unos años cualquier persona amputada o con malformación genética trataba de ocultar el brazo o la pierna artificial que le había sido colocada para lograr cierto equilibrio estético, ahora muchos se enorgullecen de llevarlas y lucen diseños exclusivos como si se tratase de un complemento de moda más. Y es que, la impresión 3D ha abierto un sinfín de posibilidades en un mundo que siempre ha estado rodeado de estigmas.

La robótica no se ha quedado atrás. Los investigadores han dejado de conformarse con lograr ese equilibrio estético que intenta solventar el devastador impacto funcional, psicológico, económico y social que tiene la pérdida o amputación de uno de los miembros. Ya ni siquiera se sienten satisfechos con prótesis robóticas que se acerquen a la destreza de la que está provista la mano humana llevando a cabo órdenes motoras complejas. El último avance de proporciones estratosféricas ha sido una prótesis que provoca sensaciones conscientes. Lo han conseguido la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) y los Laboratorios de Física Aplicada de la Universidad John Hopkins en los Estados Unidos.

Se trata de una nueva mano robótica que, en lugar en lugar de ser controlada por los músculos cercanos al muñón del brazo, se conecta directamente en el cerebro permitiendo que el paciente pueda sentir lo que toca casi con tanta exactitud como si se tratase de un brazo de carne y hueso. Y esto se consigue gracias a la conexión de dos electrodos: uno conectado a la corteza motora del cerebro y otro a la corteza sensorial. La diferencia con otros experimentos similares estriba principalmente en que esta mano tiene sensores capaces de detectar presión y convertir esa presión en una señal eléctrica que va directa al cerebro.

Ya se ha probado en un hombre de 28 años que estuvo paralizado durante más de una década tras una lesión en la médula espinal. Una de las pruebas que le realizaron consistió en vendarle los ojos mientras el médico le tocaba los dedos de la prótesis. Los resultados mostraron que con casi un 100% de exactitud el paciente supo qué dedo le estaban tocando, incluso cuando le tocaban dos al mismo tiempo. Aunque todavía hay mucho camino por recorrer, como por ejemplo sentir texturas, este avance supone un gran paso para el mundo de la medicina protésica.

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“En un momento dado, en lugar de apretar un sólo dedo, el equipo decidió pulsar dos sin decírselo al paciente”- declaró Justin Sanchez, el director de programa- El paciente puntualizó que si alguien estaba intentando engañarle. “Así es como supimos que las sensaciones que le llegaban desde la mano robótica se acercaban bastante a la realidad de la naturaleza”. 

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