Cuando cultivar la tierra puede cambiarte la vida si eres mujer

Todavía hay lugares en el mundo donde madres se sienten avergonzadas por tener hijas con más de 15 años porque siguen solteras. Rincones del mundo donde los mayores del pueblo se reúnen en una asamblea y preguntan preocupados qué van hacer y cómo van a lidiar con las niñas y adolescentes solteras que van merodeando y haciendo de las suyas libres por las calles de su comunidad…

Hogares donde los niños no tienen que patalear ni pelearse con sus padres para que los dejen ir a la escuela, para que no los casen siendo niños por una cantidad de dinero. En estos lugares, las abuelas y las madres callan, se esconden, no tienen mucho que decir. Las que hablan, creen en el destino, en la afirmación de que lo que siempre se ha hecho está y estará bien y es algo que no se puede cambiar.

Pero nunca hay que perder la esperanza, y organizaciones no lucrativas como Landesa, que se centra en garantizar los derechos a la tierra para las familias de comunidades pobres y rurales del mundo, lo saben como nadie. Con su proyecto están cambiando por completo la vida de muchísimas niñas en India. ¿Cómo? Dándoles la oportunidad de tener un trocito de tierra para aprender a cultivar, poder alimentarse de ella y vivir de lo que produce.

Con esta iniciativa las niñas aprenden a valerse por sí mismas y a evitar uno de los grandes dramas que las marcan: el matrimonio infantil. Puede parecer algo insignificante, pero que una niña acceda a la tierra y aprenda a trabajarla es algo clave para la lucha contra la pobreza en países como en India. Según UNICEF, una niña de cada cinco en Bengala Occidental, en el este de India, está sometida a un matrimonio infantilcon hombres de más de diez años mayores que ellas, y la mitad de ellas ya han estado o se encuentran embarazadas a la edad de los 19 años.

Y es que las niñas de las zonas rurales pobres de esta parte de la India se enfrentan a una serie de vulnerabilidades que amenazan su bienestar social y económico: pobreza extrema, hambre y desnutrición, violencia de género, falta de educación y ninguna oportunidad para poder acudir a la escuela. Pero no solo las niñas son las víctimas. Cuando sean niñas-madres tendrán niños más pequeños y con problemas al nacimiento. Sus hijos tendrán menos probabilidades de ir a la escuela, no pensemos siquiera en el acceso a las vacunas.  Niñas que terminarán, en la mayoría de los casos, siendo como sus madres.

Sundance Institute Short Film Challenge
Sundance Institute Short Film Challenge

¿Qué pasaría si las mujeres tuvieran el mismo acceso y control que los hombres a la tierra?

Son ya más de 40.000 niñas de más de 1.000 aldeas del este de India con las manos llenas de tierra y de ilusión gracias a este proyecto. Los de Landesa hablan alto y claro: las niñas que participaron en su proyecto Girls tienen más probabilidades de seguir sus estudios, más probabilidades de tener una pequeña propiedad de tierra en su nombre, y algo no menos importante, menos probabilidades para acabar convirtiéndose en una niña novia.

Niñas que antes vivían entre el miedo,  la vergüenza y el silencio. Niñas como que la pequeña protagonista del cortometraje ‘After My Garden Grows’, de Megan Mylan, que ahora, gracias a la tierra, a las semillas y a los aperos, toman la palabra y el coraje suficiente para decidir y elegir. Para al fin, tener su propia vida y palabra.

Marina Mercromina

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