Los devastadores efectos del analfabetismo programado

Uno de los principales anhelos –quizá el primero- de los republicanos y socialistas españoles de los siglos XIX y XX fue conseguir elevar el nivel educativo del pueblo para que de ese modo fuese dueño y señor único de sus destinos. No hay ni un solo programa electoral de la izquierda española anterior a la guerra civil que no gire en torno a la urgencia de acabar con la ignorancia secular de los españoles, de ahí que cuando en 1931 las izquierdas republicanas llegaron al poder en medio de una crisis espantosa –no olvidemos que en 1929 se había producido la gran quiebra de la economía mundial– su primer objetivo fuese crear miles de escuelas en todos los puntos del país…

Por Pedro Luis Angosto

Durante siglos la enseñanza había estado en manos de la Iglesia, que es tanto como decir que era propiedad de las clases pudientes. Bien desde la escuela, bien desde los púlpitos, la iglesia conformaba y condicionaba el pensamiento de los españoles según la conveniencia de la oligarquía, utilizando el miedo al castigo divino en el más allá como un instrumento eficaz de control que se complementaba con la represión física en el más acá para los casos de disidencia o comportamiento díscolo.

Así fue hasta 1876, cuando Don Francisco Giner de los Ríos, al frente de los catedráticos más prestigiosos de la Universidad, se negó a seguir el Decreto del ministro Orovio que obligaba a aceptar el dogma católico como irrefutable en todas las disciplinas del saber. Su expulsión de la Universidad, supuso el nacimiento de la Institución Libre de Enseñanza, un monumento pedagógico universal que ha sido imitado por países como Finlandia y que aquí sigue ignorándose como si el sabio rondeño fuese primo hermano de Lucifer.

Giner basó su pedagogía en la formación integral del niño, del adolescente y del joven: “Y así –diría- los nuevos educadores en ningún momento tratarán de ser meros transmisores del saber, ni siquiera habrán de conformarse con la mera relación instructiva, sino que en todo momento será su ideal el formar hombres nuevos y esto significa atención a todas las facultades del hombre, físicas y espirituales”. Aprender requería disciplina, pero no podía ser un castigo, el niño debía formarse con esfuerzo, pero al mismo tiempo disfrutando, siendo misión del pedagogo encontrar las habilidades de cada alumno y adaptar a ellas el currículo educativo. Si un niño era torpe, muy torpe en matemáticas, no había porque torturarlo durante años con esa materia, sino enseñarle lo más básico e insistir más en aquellas otras para las que mostraba más habilidad. La obra de Giner cristalizó en las primeras décadas del siglo XX, cuando surgió de entre nosotros la mejor generación de científicos, escritores, médicos, músicos, historiadores y políticos de nuestra historia.

La educación franquista basada en la memoria, en el palo, en la omnipresencia de clérigos en las aulas y en gloriosos himnos que aburrían a las moscas, supuso un impresionante retroceso al tiempo de Fernando VII logrando impregnar a todo el sistema de sumisión y fracaso escolar. Al esfuerzo democrático por erradicar el analfabetismo de los primeros años de libertad, sucedieron varias leyes educativas –de las cuales la LOGSE fue la mejor, aunque boicoteada por el sector más conservador y gandul del profesorado- sin que ninguna de ellas lograse implantar un modelo laico, humanista y pedagógico en el que la formación integral del estudiante de que hablaba Giner fuese el objetivo principal, de tal manera que tras varias décadas y con la implantación de la última y desgraciada ley, la ultraconservadora y desgraciada ley Wert, el sistema educativo español sigue basándose en los mismos principios memorísticos del modelo franquista y en el desprecio por aquellos que tienen más dificultades para el aprendizaje, convirtiéndose en un sistema excluyente que imita lo peor del norteamericano e ignora cualquier aportación del tan reconocido sistema finlandés.

Giner de los Ríos nunca pasó por aquí. Si a eso añadimos que en comunidades como Cataluña, Madrid, Castilla y León, Galicia o Valencia la mayor parte de los escolares están en manos de la Iglesia católica, es decir del dogma, de la doctrina, de la infalibilidad, del negocio, el círculo de la ignorancia y la ciudadanía se cierra.

Por otra parte, hoy por hoy, la televisión ocupa, más que nunca, un papel fundamental en el proceso programado de analfabetización, contribuyendo de modo fehaciente a matar el pensamiento propio y el espíritu crítico de la ciudadanía. Aunque parezca mentira, es el Estado el único que tiene capacidad para dar o retirar licencias televisivas, pero pese a constatar que el 90% de los contenidos de las televisiones públicas y privadas son pura basura consumida a diario por millones de personas, a ningún gobierno se le ha ocurrido retirarlas por la pésima calidad de sus contenidos.

Ya sé, se me dirá que ese es un proceso muy peligroso porque podría ser utilizado como método de censura, pero esa argumentación no sirve cuando se vende veneno en rama las veinticuatro horas del día, cuando el ámbito ideológico de las cadenas de televisión es tan reducido que en poco se diferencia de aquellos tiempos en que teníamos una sola cadena y una censura férrea. Lejos de propiciar una diversificación cultural e ideológica del medio, la aparición de la TDT, que podría haber sido una aportación en ese sentido, ha supuesto el embrutecimiento paroxístico del medio que más influye todavía en la formación de opinión ciudadana.

Es que a la gente le gusta Salvame de Luxe, los culebrones, Stallone, Chuck Norris, los realitis y Mariló Montero, pero la verdad es que casi nadie sabía de ellos hasta que aparecieron en la pequeña pantalla que ilumina nuestros hogares. En el proceso de analfabetización que vivimos se han roto por abajo los criterios mínimos de calidad, convirtiendo a la televisión –no sólo a los informativos- en un instrumento fundamental para modificar la mentalidad de las personas por el procedimiento de la gota malaya, del martilleo constante, de la manipulación y el adoctrinamiento, consiguiendo que la mayor parte de la audiencia identifique calidad y cultura con aburrimiento.

by Pawel Kuczynski
by Pawel Kuczynski

Si a estas dos patas de la mesa, añadimos la tercera de las nuevas tecnologías, el carácter adictivo y onanístico de las redes sociales en las que uno queda atrapado creyendo que su misión como persona, como ciudadano, está más que desarrollada y cumplida por el hecho de escribir un comentario que apenas trasciende, y la cuarta de los juegos para videoconsolas y los móviles, no queda más remedio que reconocer que el mundo feliz del que hablaba Huxley es el nuestro: El mito milenario se ha unido a las nuevas tecnologías para conformar un hombre antiguo, individualista hasta decir basta e incapaz para la empatía y la fraternidad, sumiso y acrítico capaz de elevar la voz muy por encima de lo necesario ante el vecino, el amigo o el desconocido, de presumir de cuanto ignora con arrogancia, de despreciar al Maestro y de justificar lo injustificable tanto con su opinión doctrinaria y cerril como con su voto intestinal.

Tales con los efectos del analfabetismo programado en la era de la globalización, una era que de momento está consiguiendo que el paleto inmoral y trincón, que el silente que calla ante los abusos del poderoso y es incapaz de asociarse incluso para defender sus intereses, sea el ser que más abunda en nuestro país y en el mundo mundial, que el trabajador se identifique con los intereses de quien le explota y mire de soslayo a quien sufre tanto como él, que quien vive en condiciones precarias anhele entregar a sus hijos a colegios que basan su sistema educativo en el adoctrinamiento clasista y el dogma de fe, o sea, todo aquello que hace que los poderosos lo sean cada vez más. Casi nada ocurre por casualidad, aunque tampoco nada es irremediable, y hoy, como ayer, la Educación laica, libre e integral de que hablaban Giner de los Ríos y Nicolás Salmerón, Pablo Iglesias y Jaime Vera, Antonio Machado y Bartolomé Cossío, Azaña y Amadeo Hurtado vuelve a ser la única tabla de salvación que nos queda, que le queda al Ser Humano.

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