El gran negocio de negar el cambio climático

Hace unos meses ‘The Guardian’ dio a conocer que uno de los más celebres negacionistas, el físico solar Willie Soon, recibía importantes donativos procedentes de la industria del petróleo..

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La labor informativa del diario británico The Guardian desenmascarando a los políticos y científicos que niegan el cambio climático por estar a sueldo de las petroleras sigue aportándonos excelentes crónicas de la mezquindad.

Hoy en día existe un acuerdo científico unánime en señalar la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) como una de las principales causas del cambio climático que sufre el planeta. Pero hasta hace poco todavía existían algunos investigadores que negaban incluso la propia existencia del fenómeno. Hace unos meses éste rotativo dio a conocer que uno de los más celebres negacionistas, el físico solar Willie Soon, recibía importantes donativos procedentes de la industria del petróleo por elaborar sus informes y enviarlos a las revistas científicas más prestigiosas.

La documentación aportada venía a confirmar un rumor que circulaba desde hacía años entre los investigadores del IPCC (el panel de expertos en cambio climático de la ONU): que éste profesor de Harvard, autor de los polémicos artículos que niegan el origen humano del cambio climático para atribuirlo a la variabilidad solar, trabajaba al dictado de las tres principales industrias petroleras norteamericanas: Exxon-Mobil, Koch y el American Petroleum Institute, unos potentados mecenas de los que habría cobrado más de un millón de dólares en los últimos años.

Ahora, uno de los redactores del área financiera del diario publica un riguroso y documentado trabajo en el que se demuestra, con cifras detalladas, que uno de los principales oponentes a la política de la Casa Blanca para hacer frente al cambio climático, el senador republicano por Oklahoma Jim Inhofe, ha recibido cuantiosos donativos de la petrolera BP (antigua British Petroleum).

Lo más preocupante es que éste famoso negacionista, uno de los personajes más histriónicos de la política estadounidense, es en la actualidad el presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Senado, encargada ni más ni menos que de supervisar la acción del gobierno federal para reducir el aumento de las emisiones de gases con efecto invernadero que están provocando el calentamiento global de la atmósfera.

Jim Inhofe se convirtió hace unas semanas en un personaje mediático al lanzar en el interior del Senado una bola de nieve de la que se había aprovisionado en la calle. El objetivo de la acción, con la que abrieron buena parte de los informativos de todo el país, fue denunciar que “como ven, lo cierto es que sigue nevando ahí fuera” por lo que el calentamiento global “es en realidad una farsa” –exclamó el populista senador entre las carcajadas de sus acólitos. Con su gesto, el político ultraconservador demostraba una vez más su absoluto desconocimiento en la materia, al confundir tiempo meteorológico con clima.

Ante la certificación de que BP ha financiado las campañas electorales del polémico senador por Oklahoma, el presidente Obama mostraba hace poco su preocupación por que un cargo electo “cómplice de los intereses de las empresas petroleras y de la industria de los combustibles fósiles, con tanto dinero en juego” asuma en estos momentos, tan importantes en la lucha contra el calentamiento global, una responsabilidad tan alta en la política medioambiental de los Estados Unidos.

Según los datos recopilados por el diario británico a partir de documentos públicos del Centro de Política Responsable del Senado, la campaña del senador Inhofe recaudó casi dos millones de dólares de donativos de BP y otras compañías de combustibles fósiles. Unos ingresos de los que se habría hecho merecedor tras publicar libros con títulos tan explícitos como “Cambio climático: la estafa más grande” o de realizar ante los medios de comunicación todo tipo de soflamas negando el origen humano del actual cambio climático, como la de que “atribuir a la actividad humana la capacidad de cambiar lo que ha sido creado por Dios es una arrogancia”.

El incómodo verde

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